lunes, 23 de junio de 2014

Capitulo 39 – Es por una buena causa.

Al final, mi cerebro llegó a la conclusión de que estaba tan borracha que me imaginé todo lo ocurrido en la fiesta. Bueno, todo menos lo que pasó en casa de Will. Cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar que mis mejillas se vuelvan rojas. Yo nunca haría algo así pero, no puedo ocultar que fue muy divertido. Lexy y Sean no acabaron como nosotros, ellos solo podían estar en el rango de amigos. Entre Marc y Spencer tampoco ocurrió nada, solo se liaron un par de veces más y ya está. Los únicos que pasamos al siguiente nivel fuimos Will y yo, y eso que aún no sabía ni que había entre nosotros.
- Buenos días, Caperucita Roja. – me saludó Sean y las chicas me dieron un beso en cada mejilla.
- Hola, Carol. – Will me miró con una preciosa sonrisa en la cara.
- Ho… hola, Will. – empecé a tartamudear.
- ¿Qué te pasa, Carol? ¿Por la noche eres una sexy y ardiente gatita y ahora no sabes decir dos palabras seguidas? – se burló.
- Capullo. – le pegué un pequeño puñetazo en el hombro.
- Esperad un minuto vosotros dos. – nos cortó Spencer. - ¿Qué pasó anoche que no sabemos?
- Nada interesante. – dije después de dedicarle una sonrisa de complicidad a Will.
- Si con nada interesante te refieres a que después de la fiesta nos acostamos, entonces tienes razón. No ha pasado absolutamente nada nuevo. – me dio un beso en la mejilla y me cogió la mano para irnos.
- ¡NO OS MOVÁIS DE AQUÍ! – nos gritó Lexy. - ¡¿OS HABÉIS ACOSTADO Y NO NOS LO HABÉIS DICHO?!
- ¡Pero no grites, idiota! – le pegó una colleja Spencer.
- Eh, que yo quiero enterarme. – nos siguió Sean.

Esto era muy raro. Estar en esta situación con mi mejor amigo no era muy normal. Ayer éramos los mejores amigos que podías encontrar y ahora, no sé ni lo que somos. Entramos a clase cogidos de la mano y todos se nos quedaron mirando. Vale, la gente antes pensaba que éramos novios y ahora pueden confirmarlo. Bueno, al menos tienen motivos para pensar que sí. Nos sentamos juntos y esperamos a que llegara el profesor y diera su aburrida clase de matemáticas. No aguantaba esas charlas que nos daba ese hombre así que mi mejor opción fue coger mi lima para poder arreglarme las uñas.
- Muy bien, Nicolle. ¿Habéis entendido todos como se resuelve esta derivada? – ¡me aburro! Tocaron la puerta. – Adelante.
- Perdone, señor Richardson. – entró alguien con a clase. Levanté la cabeza y casi me caigo de la silla.
- Oh, bienvenida de nuevo, señorita Thirlwall. – el profesor Richardson se alegraba de que una de sus mejores alumnas hubiera vuelto.
- Perdone por interrumpir pero me gustaría hablar con Carolina un momento. – pidió educadamente. Ella era una de sus alumnas favoritas, no iba a negarle eso.
- Claro. – se giró hacia mí y me miró. Su voz cambió totalmente en cuanto se dirigió a mí. – Señorita Senderson, salga de clase.
- Sí, señor Richardson. – antes de levantarme, besé a Will en los labios para que Jade viera que ya los había olvidado. - ¿Qué quieres?
- Tengo que hablar contigo. – me miró con ojos suplicantes.
- Pues date prisa, tengo que volver a clase. Algunos tenemos que seguir estudiando. – dije lo más borde que pude. No quería volver a sentirme como hace unos meses.
- Carol…
- No me llames Carol, solo lo hacen mis amigos. – estaba siendo un poco dura pero era estrictamente necesario.
- De acuerdo, Carolina. – dijo pacientemente remarcando mi nombre. – Harry no está bien desde que estuvimos en Texas…
- Me da igual como esté Harry, ya no forma parte de mi vida. ¡¿Acaso no lo entendéis?! – no me iba a afectar hablar de él. – Tengo novio y estoy muy feliz con él. Gracias por venir y adiós. – me di la vuelta para entrar en el aula.
- Carolina, no lo entiendes. – me cogió del brazo e hizo que me girara. - ¡Aún te quiere!
- ¡Me da igual! ¡Harry ya no me importa! – justo en ese momento sonó el timbre.
- ¡Carol! – se me acercaron Lexy y Spencer rápidamente. Miraron a Jade de arriba a abajo. - ¿Estás bien?
- Sí, chicas.
- Carolina, piensa en lo que te he dicho. – insistió Jade.
- Mira, no sé quien eres pero más te vale que dejes a Carolina en paz. – Spencer se encaró a mi ex mejor amiga.
- Sí eres una de esas personas que le hizo daño hace unos meses, ya te puedes estar largando. – Lexy se puso al lado de Spencer.
- De acuerdo. – se apartó de mis dos amigas. – Yo solo he venido a avisarte pero veo que nos has sustituido muy rápido. – no me dejó replicar porque se marchó en cuanto terminó de hablar.
- ¿De que iba eso? – me miró Lexy. - ¿Quién se cree que es para venir aquí y soltarte un sermón?
- Déjalo, Lex. – justo en ese momento salieron los chicos.
- ¿Qué pasa aquí? – preguntó Sean tan disimulado como siempre.
- Nada y vamos a comer que tengo hambre. – cogí la mano de Will y me dirigí a la cafetería.
- No me vas a contar que pasa ¿verdad? – dijo una vez que estuvimos sentados en nuestra mesa.
- No quiero preocuparte.
- Carol, si te pasa algo es normal que me preocupe. No quiero que le pase nada a mi novia. – un momento ¿había dicho novia?
- ¿Qué has dicho? – salió una sonrisa de mi boca.
- Que es normal que me preocupe por ti. – volvió a repetir.
- Eso no, lo otro.
- Ah. – ahora el que sonrió fue él. - ¿Hay algo malo en eso?
- Depende de a lo que te refieras con malo. – me senté a su lado muy pegada a él. – Me gusta como suena. Repítelo.
- No quiero que le pase nada a mi novia. – susurró en mi oído. Me miró a los ojos y noté el brillo que tenía en ellos. Necesitaba besarlo y nada me lo estaba impidiendo. Will acabó con la poca distancia que había entre nosotros con un tierno beso.
- ¡Eh, iros a un hotel! – el corta-rollos de Sean entró en escena.
- Idiota. – Will le dio un puñetazo en el hombro.

De esta manera, empezó una pequeña pelea entre nuestros dos amigos. Comimos entre risas como todos los días. Ninguno sacó el tema de la inesperada visita de Jade ni me hicieron ningún tipo de pregunta y se los agradecía mucho. Algunas personas que no conocíamos se acercaban para felicitarnos a Will y a mí por nuestro nuevo noviazgo. ¿Cómo se entera la gente tan rápido? Os estabais dándole lote en mitad de la cafetería en la hora del almuerzo. ¿Tú que crees? Recuérdame que te ignore de vez en cuando. Bueno, allí estábamos los cinco comiéndonos el almuerzo tranquilamente hasta que tuve una pequeña urgencia.
- Voy al baño, tengo que aprovechar que está todo el mundo almorzando. – le di un beso en la mejilla a Will y me fui al servicio. Entré y me metí en uno de los aseos. Al terminar, me lavé las manos y me arreglé el pelo frente al espejo. Caminé hasta la puerta para salir de allí pero algo me lo impidió.
- No creo que te haya dicho eso. – esa voz era de un chico.
- Sé lo que oí y esas fueron exactamente sus palabras. – ahora hablaba una chica.
- No te creo, es imposible. Lo habrás interpretado mal.
- Fue lo que me dijo, tienes que creerme. – estaba mal espiar a la gente pero era eso o salía y que me descubrieran. Es igual, soy Carolina Senderson, la chica más popular del instituto, hago lo que quiero y cuando quiero. Salí del baño y creo que se me paró el corazón. No me habían visto pero no tardarían en hacerlo.
- Carolina, lárgate. – me dije a mí misma en voz muy baja. Empecé a caminar hacia el lado contrario pero pude notar sus miradas sobre mí. – Sigue caminando, no mires atrás.
- ¡Eh, Carol! – mierda, ¿tenías que aparecer en este preciso momento? Le hice señas a Will de que se callara pero no me entendió.
- ¿Carolina? – estaba detrás de mí, mierda. - ¿Carolina, eres tú?
- Hola. – dije torpemente. ¿Qué le dices a tu ex cuando lo ves después de dejarle sin motivo alguno hace un par de meses?
- ¿Podemos hablar?
- Pues…
- ¿Quién eres tú? – Will dio un paso hacia delante. Era un poco más alto que Harry y este tuvo que quitar la mirada de mí.
- Esa pregunta debería hacerla yo.
- Soy su novio, un placer. – dijo con arrogancia. Pude ver el dolor de Harry en sus preciosos ojos verdes pero rápidamente se llenaron de orgullo e ira.
- Will, vámonos. – tiré de su brazo para que me prestara atención.
- ¿De verdad no sabes quien soy? – salió el ego, que yo había logrado que desapareciera, de Harry a la luz. - ¿Acaso tú vives en una cueva? – dio un paso adelante y me miró un segundo para después volver a mirar a Will. – Necesito hablar con ella, así que ya puedes largarte.
- No pienso irme…
- Will, por favor, para. – le pedí dulcemente.
- Necesito hab… - empezó Harry.
- ¡¡¡WILL, VÁMONOS!!! – no podía aguantar esto más tiempo.

No quería que estuviera en el mismo edificio que yo, ni siquiera en la misma ciudad. No era por él, era por mí. Me recordaba a la estupidez que cometí por falta de autoestima. No quiero aguantar esto por más tiempo pero ¿por qué tenía que venir a estropear mi felicidad? ¿Quién se cree que es? No es justo, ni para él ni para mí. ¿Por qué ha vuelto? Que se quede en Londres, además ¿él no estaba de gira?

Me senté bajo un árbol alejado de todo el mundo. No quería que me vieran llorar, no podía dejar que me vieran así. Era la chica más popular, cualquiera podría usar todo esto para hacerme daño. Todas las emociones explotaron en mi interior y salieron en forma de miles de lágrimas. No quería más esto. Es demasiado para mí. Le necesito a mi lado, que me abrace y me diga que me quiere, que esté a mi lado en todo momento y que me besé de esa forma en la que me hace sentir especial, solo suya. No quiero llorar más. Quiero poder reírme sin parar, perder el control, gritarle al mundo que lo amo y vivir sin ninguna preocupación.

Well, it’s good to hear your voice. I hope you’re doing fine. And if you ever wonder, I’m lonely here tonight. I’m lost here in this moment and time keeps slipping by. And if I could have just one wish, I’d have you by my side. Oh, oh I miss you! Oh, oh I need you! And I love you more than I did before and if today I don’t see your face. Nothing’s changed, no one could take your place. It gets harder everyday. Say you love me more than you did before and I’m sorry it’s this way but I’m coming home, I’ll be coming home. And if you ask me, I will stay… “Bip, Bip.” Maldito móvil. ¿Era necesario que me interrumpieran en mi momento de melancolía? ¿Quién es el idiota que lo ha hecho? Como no, tenían que ser mis amigas. Tenía un mensaje de Spencer. “¿Por qué no has venido a clase? Nos ha tocado ayudar a recaudar fondos para el instituto, llámame.” ¿La llamaba ahora o más tarde? Ahora no hay ganas. Bajé las escaleras aún pensando en la canción que estaba cantando. ¿Miley Cyrus habrá vivido una situación como la mía? Bueno, pura coincidencia. Salí de mi casa para dar un paseo y así poder despejarme un poco de lo ocurrido. Bien, repasemos. Ha venido Jade para decirme que Harry aún me quiere, he ido al baile con Will, me ha parecido ver a Louis y Harry en el baile, me he acostado con Will, he visto a Harry y a Jade hablar en los pasillos del instituto, soy la novia de Will. Demasiadas cosas. Inconscientemente, llegué a ese árbol del que no me separé en años. Carol, Jade y Louis. BFF. Cogí el móvil para llamar a Spencer antes de que me olvidara.
- ¿Spence?
- Estaba esperando tu llamada. – dijo con voz normal.
- ¿Qué tenemos que hacer para recaudar fondos? – fui directa al grano, no me apetecía hablar.
- Bueno, nuestra clase ha hecho dos grupos y los chicos van a hacer un partido benéfico, ya sabes que casi todos son del equipo de fútbol. – seguramente querría preguntar por mi pésimo estado de ánimo pero lo más probable es que lo hiciera cuando estuviéramos cara a cara.
- ¿Y nosotras que haremos?
- Pues hemos pensado Lexy y yo que podríamos lavar coches.
- Vamos, en plan peli porno. – la idea no me hacía mucha gracia.
- Hombre, en ese plan no pero sabes que sacaríamos bastante dinero. – en eso tenía razón.
- ¿Cuándo es? – tenía que hacerlo, al fin y al cabo era algo que nos obligaba el director. No a lavar coches, si no ha colaborar.
- Mañana a mediodía. – me dijo Spencer. – Ponte guapa.
- No lo dudes. – dije con un poco de amargura y colgué. – Madre mía.
- Pareces cansada. – dijo una voz detrás de mí.
- Será porque lo estoy. – no me giré para mirarlo. - ¿Qué haces aquí?
- Llevo viniendo aquí desde que llegué a la ciudad, hace unos… 3 días. Suponía que algún día vendrías aquí, aunque has tardado. – se sentó a mi lado.
- ¿Por qué habéis vuelto?
- Teníamos unos asuntos pendientes. – dijo con misterio, como solo él sabía hacerlo.
- ¿El resto también está aquí?
- Sí, pero aún no te han visto lo que es raro porque somos tus vecinos.
- No soy de las que se dejan ver.
- Me lo figuraba. – rió. – Y cuéntame, ¿cómo puedes ser la chica más popular si el año pasado eras solo una más?
- Vosotros no me habéis ayudado, tenlo más que claro. Digamos que, me junto con la gente adecuada.
- Sabes que pase lo que pase y por más que no nos hables, siempre esteremos a tu lado para ayudarte en lo que sea ¿no?
- No me lo merezco.
- Oye, el problema lo tienes con Harry aunque no sé cual es. Si quieres puedo intentar entenderlo, solo si quieres.
- Es… complicado. – fue lo único que dije.
- Creo que soy lo suficientemente listo. – me sacó una pequeña sonrisa.
- Bueno, desde que comimos con Taylor Swift mi cabeza no ha parado de darle vueltas a que Harry se merece a una chica como ella. Taylor es guapa, lista, simpática, tiene buen corazón y miles de cosas que yo nunca seré.
- Tú no sabes lo que le hizo Taylor a Harry ¿verdad? – no entendía lo que me estaba diciendo. – Créeme, ella no tiene buen corazón. Sigue contando.
- De acuerdo, pues yo creía que se merecía a alguien como ella. Alguien que tenga sus mismas pasiones y que pudiera darle lo que él necesita. Alguien que no tenga que ahorrar tres años para comprarle un regalo a su altura y aún así necesite más dinero.
- Sabes que a Harry le dan igual los regalos ¿no? – me volvió a interrumpir. – Que estés a su lado es el mejor regalo que le puedes hacer.
- Supongo. – él asintió. – Bueno, pues mi baja autoestima me llevó a pensar que lo mejor era dejarle para que pudiera encontrar a alguien mejor que yo y así pudiera ser feliz.
- A costa de tu felicidad, ¿me equivoco? – negué con la cabeza lentamente. – Carol, estas cosas pasan y más cuando todo el planeta esta pendiente de todos tu movimientos para verte fracasar. Créeme, lo sé por propia experiencia. – pasó un brazo por mis hombros. - ¿Tú eres feliz con Will?
- ¿Cómo sabes…?
- Contesta.
- Sí, supongo que sí.
- ¿Supones? ¿Y con Harry eras feliz?
- Sí.
- Ahí tienes la respuesta. – se levantó del suelo. – Espero que algún día me enseñes Boston como me prometiste.
- Gracias, Zayn. – cada uno se fue por caminos opuestos.

Un nuevo día llegó y por esa misma razón tuve que levantarme de la cama a las siete para ir al instituto. ¡Un momento! Hoy no había clase, bueno sí pero tenía que ir a eso del mediodía. Me volví a tumbar en la cama aunque sabía perfectamente que no me podría volver a dormir. Me metí en la ducha para relajarme un poco y así elegir la ropa que me pondría más tranquila. Salí con la toalla envuelta al cuerpo y, después de unos minutos, opté por unos shorts negros de encaje y una camiseta ancha del equipo de fútbol del instituto que antes había pertenecido a Louis. Cogí mis converse y me recogí el pelo en una coleta alta para después poder maquillarme un poco. Ya estaba lista cinco horas antes de la hora acordada. Cogí mi guitarra y me dispuse a tocar alguna canción aunque mi cabeza no estaba para canciones. Un sonido me distrajo. Mi móvil.
- ¿Quién puede ser a esta hora de la mañana? – cogí el móvil de encima del escritorio y abrí el mensaje. – ¿No voy a rendirme tan fácilmente? ¿De quién es esto? – miré el número que me lo enviaba. Ese número lo recordaba perfectamente. – Mierda.

A las doce, salí de casa para poder llegar a tiempo al instituto. Al final, el director había aprobado nuestra propuesta de lavar coches y lo haríamos en el aparcamiento del instituto. Llegué tarde, algo normal en mí, y allí estaban todas llenando cubos de agua y cogiendo esponjas y jabón. Lexy y Spencer fruncieron el ceño al verme llegar.
- ¿Qué te hemos dicho? Tenías que ponerte guapa. – me recriminó Spencer.
- ¿Acaso no lo estoy? – puse las manos en mis caderas y sonreí.
- No y como sabía que ibas a vestirte como una monja, te he traído ropa. – Lexy cogió mi mano y me obligó a cambiarme en el baño.
- ¡Esto sí que no! – no me iba a vestir con esta ropa. – Lexy, me gustaba más la mía.
- Pues te aguantas. Necesitamos recaudar dinero, no ir a un convento. – me lo dijo y se fue con las demás.

Me había prestado un pantalón negro muy corto y una camiseta a la que le faltaba tela o eran imaginaciones mías. Me llegaba hasta un poco más abajo del pecho. Bueno, me tocaba aguantarme. Me reuní con mis amigas y, por lo menos yo, esperé a que me dijeran que hacer. Habían hecho carteles preciosos donde ponía lo del lavado de coches para recaudar fondos y todas esas cosas. Yo sigo pensando que esto va a parecer una peli porno por más que todas estén preciosas. Empezaron a llegar coches y yo me iba escaqueando de lavarlos. No pensaba dejar que un cerdo me mirara mientras lavo algo que no es mío.
- Hola, ¿podéis lavar mi coche? – había un chico hablando con Lexy pero no podía verle ya que estaba de espaldas.
- Claro, voy a ver quien está libre. – me di la vuelta rápidamente para que no supieran que les estaba mirando y me tocara a mí limpiar el coche. - ¡Carol! ¡Carol! Te estaba llamando.
- Y yo te estaba evitando. Lex, no quiero hacer esto.
- Es por una buena causa además, hay un tío monísimo esperando a que le laves el coche. Tienes mucha suerte. – me dio un cubo y me empujó hacía un precioso buggatti negro.
- Madre mía. – pasé mis dedos por la preciosa carrocería. El coche no estaba sucio, no tenía ni una pequeña mota de polvo. ¿Por qué su dueño querría que lo lavaran?
- ¿Te gusta? – mierda. – Es nuevo.
- Me lo imaginaba. – no me giré. – Puedes comprarte cinco coches más como este y aún así te sobrará el dinero.
- Supongo que estaré pasando la crisis de los 40 a los 19 años. – sentí su voz más cerca. - ¿Y por qué quieres que lo limpie si está nuevo?
- Necesitaba hablar contigo y sabes perfectamente que no me perdería esto por nada en el mundo. – me giré y allí estaba con esa sonrisa traviesa que me volvía loca. Recuerda que ahora estás con Will. – Supongo que tú novio no estará por aquí lavando coches.
- Está jugando un partido benéfico. – dije con orgullo. – Es el capitán del equipo de fútbol.
- Me alegro por él. Supongo que tendrá a todas las chicas del instituto loquitas por él. Que pena que no pueda conquistar a todo un planeta. – dijo con arrogancia. ¡Capullo!
- Eres un idiota. – cogí una manguera y mojé el coche. Intentaba que no me salpicara mucho pero era difícil con mis manos temblorosas por culpa de su mirada pendiente de mí todo el rato.
- Antes te gustaba llamarme idiota, veo que no has perdido tus viejas costumbres. – volvió a sonreír. Cogí una esponja y le eché jabón para después pasarlo por el coche. – Pensaba que eras una niña buena. Las niñas buenas no lavan coches casi desnudas. Conmigo no sacabas ese lado sensual. – tenía una sonrisa de superioridad en la cara y no paraba de mirarme el culo descaradamente. -  Sabes como estarías aún más guapa, sin esa ropa. ¿No te molesta? – le ignoré por completo. ¿Qué esperaba conseguir con eso? No le sigas el rollo. – Vamos, Carol, sabes que un ex nunca viene solo para hablar. – miré de reojo y lo vi apoyado en un árbol a dos metros de mí. Cogí aire y rogué pidiendo paciencia. – Carol, ya sabes como me gusta. Además, con esa ropa estás muy sexy. – no le aguantaba más. Tranquila, relájate. No voy a tranquilizarme. Cogí el cubo lleno de agua y jabón y se lo tiré encima. – Así que quieres jugar ¿eh? – no estaba enfadado. ¿Por qué no estaba enfadado? ¡Enfádate! Cogió la manguera y me apuntó con ella.
- No te atreverás. – le lancé una mirada asesina.
- Cariño, sabes perfectamente que soy capaz de esto y más. – abrió la llave de la manguera y el agua me empapó entera.
- ¡Idiota! – enseguida cogí la esponja y se la lancé. No pudo esquivarla y le dio en el pelo.
- Ahora me las vas a pagar. – no lo pensé dos veces y salí corriendo.

Harry me seguía muy de cerca. Una sonrisa salió inconscientemente de mi cara y no la oculté. Me estaba divirtiendo bastante. No era el hecho de estar huyendo de Harry, si no que necesitaba olvidarme de todo. Gracias a Spencer y a Lexy al haberme involucrado en esto de la recaudación de fondos, había conseguido olvidarme de mis problemas con la ayuda del mismísimo problema.
- Te pillé. – me cogió de la cintura y caímos al suelo. Harry estaba encima de mí pero sin dejar que su peso me aplastara. Estar con la ropa mojada no ayudaba mucho, eso no conseguía que se me quitara el calor que sentía. – Te dije que mojada estarías más guapa.
- Tus palabras fueron: “Sabes como estarías más guapa, sin ropa.” – dije imitando su voz.
- Eso podemos arreglarlo. – se acercó más a mí. Madre mía, ¿por qué no puedo controlarme? Sus labios rozaron los míos dejándome con ganas de más mientras sus manos exploraban mi cuerpo suavemente. – Cariño, no voy a besarte. – se separó de mí con una sonrisa. – A no ser que me lo pidas, acepto todo tipo de súplicas.
- ¡Carolina, tienes que lavar coches, no ligarte a los clientes! – me gritó Spencer. En seguida me desperté de mí trance y lo empuje para poder levantarme.
- Bueno, gracias por el servicio. – me guiñó un ojo.
- No voy a dejar que te vayas sin pagar. – extendí la mano.
- Bueno, es por una buena causa ¿no? Además, podría acostumbrarme a este tipo de servicios – me guiñó un ojo a la vez que sacaba un fajo de billetes de su bolsillo. Lo conté y allí había cinco de los grandes. Se dio la vuelta y abrió el coche.
- Harry. – no digas nada, date la vuelta y vete. El chico se apoyó en la puerta como si fuera un modelo de una revista de coches y me miró. – Gracias.