jueves, 10 de abril de 2014

Capitulo 37 – Una nueva vida y tú no estás en ella.

Viernes, 24 de octubre. Sí, sé que ha pasado mucho tiempo. Pero puedo aseguraros de que ya está todo superado. Bueno, o todo lo superado que puede estar después de lo ocurrido. Pero ahora no quiero hablar de eso. Solo conseguiría deprimiros y deprimirme yo.

Había vuelto a casa, a Doncaster, para poder acabar el instituto. Me faltaban solamente dos años para graduarme y tenía que esforzarme mucho. Luke se quedó conmigo unas semanas pero después tuvo que volver con su familia y con el grupo. Había sido un gran apoyo para mí y se lo agradeceré eternamente. En cuanto llegué a mi casa, cambié de radicalmente. No quería nada que me recordara a la estupidez que cometí en Texas. Todo en mi vida cambió, para bien o para mal pero ya nada es lo mismo. Nuevo grupo de amigos, nueva forma de vida y nuevos momentos que vivir. Incluso me había cambiado mi clásico corte de pelo. Ahora lo tenía con la ralla a un lado, casi hasta la cintura y con mechas rojas por toda la cabeza.
- ¿Ya estás lista, Carol? – me preguntó Spencer en cuanto entró a mi cuarto.
- Sí. – me terminé de poner una de las botas, me arreglé la falda y di una vuelta sobre mí misma. - ¿Cómo estoy?
- Preciosa, como siempre. – entró Lexy en la habitación de repente. – Los chicos nos están esperando.
- Sí, ¿y a qué no sabes quién está deseando verte? – levantó Spencer varias veces las cejas. – Will.
- No empecéis. – reí.

Os estaréis preguntando qué a donde vamos. Pues claramente a una discoteca. Es viernes, hay que disfrutar al máximo antes de que volvamos el lunes a la aburrida rutina de los profesores. Salimos de mi casa y allí nos esperaba un deslumbrante todoterreno negro con las palabras Range Rover escritas en la parte delantera. Apoyados en el vehículo había dos personas. Will y Sean, dos de los chicos más populares del instituto. Verlos era como mirar a dos perfectos Adonis. Eran realmente dos obras de arte. Y las dos chicas que me acompañaban no se quedaban atrás. Parecían dos perfectas modelos. Una rubia y la otra morena. A simple vista parecíamos el típico grupo de los populares de una cualquier serie americana. Eché un vistazo a la casa de al lado y vi que estaba cerrada, puse la mejor sonrisa que pude y subí al coche.
- ¿Qué tal? – me preguntó Will que era quien iba conduciendo y yo a su lado de copiloto.
- Genial. – le sonreí. Este chico me había hecho afrontar todo lo ocurrido en mi vida pasada para poder ser feliz.
- Esta noche va a ser genial. – para mí era una de las tantas más pero sí él lo decía tenía que ser por algo.
- ¿Falta mucho, Will? – preguntó Spencer desde atrás riendo. – Creo que Sean va a necesitar irse un rato al servicio.
- Acabamos de descubrir una enorme montañita aquí atrás. – rió Lexy.
- Es culpa vuestra. – se excusó el chico sin vergüenza. - ¿Quién os manda poneros vestidos tan cortos?
- Somos malas personas. – nos unimos a las risas de Spencer.

Will aparcó el coche en un lugar que encontró por casualidad y bajamos. Sean tenía los brazos en uno de los hombros de cada chica y Will me tenía cogida de la cintura. Ninguno de nosotros éramos pareja por más que el resto pensara que sí. Nos divertía fingir ser lo que no somos. Solo éramos grandes amigos que disfrutaban del tiempo juntos. Entramos y nosotras tres nos fuimos a la pista a bailar mientras que los chicos iban a ver cual era su víctima esta noche.

El tiempo iba pasando y ya se notaba el alcohol en nuestras venas. Los chicos de One Direction no te dejaban beber, ¿recuerdas? Me lo estoy pasando muy bien así que no vengas a estropearlo. Solo te estoy diciendo las ventajas de haberlos sacado de tu vida. Me alegro de que no estén. Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Así me gusta.
- Un Martini, por favor. – pedí al camarero.
- Aquí tiene.
- ¿Qué haces aquí tan sola?
- Estaba cansada y tenía sed, Sean. – bebí un poco de mi vaso.
- Espero que me hayas reservado un baile. – dijo como un niño pequeño.
- Para ti lo que sea. – me acabé el vaso de un trago y lo arrastré a la pista.

Allí estaban Lexy, Spencer y Will bailando como unos locos. Nos unimos a ellos rápidamente y disfrutamos de un genial tiempo juntos. Cada vez que salía con ellos era impresionante. Hacíamos cosas normales, las que siempre he hecho. Ir al cine, comer en un McDonald’s, ir a alguna discoteca de vez en cuando o ir a la bolera. Cosas de adolescente normal y no de famoso. Mejor no toco ese tema. ¿No os he contado lo que pasó con mi familia? Al final, mis padres se divorciaron y me tocó quedarme con mi madre hasta que termine las clases. Cada verano iré con mi padre que ahora vive en Boston, en nuestra antigua casa. Los veranos los pasaría con él pero lo bueno es que no tendría que separarme de mis amigos. A ellos les dejaban venirse conmigo. Nuestra casa era grande así que no había problemas.

Cuando salimos de la discoteca ya eran las tres de la mañana. Spencer, Lexy y yo íbamos bastante contentillas y menos mal que los chicos no habían bebido mucho. Afortunadamente ellos eran los responsables del grupo porque si fuera por nosotras, esto sería un descontrol permanente. Bueno, también es que había cambiado mucho desde… eso, ya sabéis. Ya no era una chica responsable que pensaba antes en lo que la gente pudiera decir de mí. No, ahora me daba lo mismo. Me daba igual lo que dijeran, si a mí me gustaba lo que hacía lo haría sin pensármelo dos veces. Podías haber dicho eso hace unos meses ¿no?
- Bueno, chicas, ya hemos llegado. – se giró Sean y nos vio a las tres dormidas en la parte trasera del coche.
- Ya me encargo yo. – Will salió del todoterreno. Estábamos en frente de mi casa así que me tocaba bajar a mí. – Espera aquí.
- No me iba a ir a ningún sitio. – Will me cogió en brazos y me llevó hasta la puerta. Llamó al timbre y esperó.
- ¿Otra vez lo mismo? – se hizo a un lado mi madre. – Ya sabes donde está su habitación. – subió hasta mi cuarto y me dejó sobre la cama para después taparme.
- Buenas noches, pequeña. – me dio un beso en la frente.
- Will. – abrí un poco los ojos. – Quédate conmigo.
- No pensaba irme a ningún lado. – me regaló una preciosa sonrisa, hizo algo en su móvil y se tumbó a mi lado. – Buenas noches.

Can you feel me when I think about you? With every breath I take. Every minute, no matter what I do. My world is an empty place. Like I’ve been wandering the desert for a thousand days. Don’t know if it’s a mirage but I always see your face, baby. Me prometí a mi misma que no le extrañaría más. I’m missing you so much. Can’t help it, I’m in love. A day without you is like a year without rain. No quiero necesitarlo más. Quiero poder vivir sin tener que echarlo de menos. I need you by my side. Don’t know how I’ll survive. A day without you is like a year without rain.
- ¿Se puede? – asomó mi madre la cabeza por la puerta. Dejé la guitarra a un lado y la miré. – Sé que no me quieres contar lo que ha pasado pero solo quiero saber por qué decidiste volver. Aún te quedaban unos meses más junto a ellos.
- Mamá, no quiero hablar de esto. – dije cortante.
- Solo quiero que estés bien. – se sentó a mi lado en la cama.
- Aún así no voy a estar bien. – le di la espalda. – Ahora, si no te importa, quiero estar sola.
- Ya sabes que si quieres hablar, puedes contar conmigo. – salió de mi habitación.

¿Por qué es todo tan difícil? Porque tú lo has querido así. ¿Nunca me vas a ayudar? Lo estoy haciendo, no quiero que sigas sufriendo. ¿Y qué hago? Fácil, tienes que olvidarte de él así que lo que vas a hacer primero es sacar de tu vida todo lo que tenga que ver con ese chico. ¿Borrar las fotos? Sí. De acuerdo. Saqué el móvil del bolsillo y me metí en la galería. Allí había cientos de fotos de estos últimos meses. Cientos de fotos que iba a borrar. No las iba a mirar, solo quería que desaparecieran. Las seleccioné y le di a borrar. “¿Está seguro de que quiere eliminarlas?” Hasta un móvil me hace dudar. No pienses, hazlo. Borradas. Muy bien. Ahora las cosas que te ha regalado, que no son muchas. No quería sus regalos. Pues tíralos todos. Me levanté de la cama y abrí el armario. Allí estaba, el vestido que me regaló el día que me dijo que me amaba. No lo recuerdes. Lo intento pero… voy a hacerlo. No voy a llorar y voy a empezar mi vida de cero. Nunca los he conocido. Esa es mi chica. Harry Edward Styles, tú nunca has estado en mi vida.

Ya había pasado el fin de semana y volvía a ser la chica de antes. La chica feliz que nunca conoció a One Direction. Conociste a Louis en el colegio. Él no cuenta. Salí de mi casa con el tiempo justo, como siempre, y me dirigí al instituto. Iba a llegar tarde, eso lo tenía claro, pero mis amigos estarían esperándome en la puerta como todo los días. Y hoy no era una excepción. Todos ya habían entrado menos ellos cuatro que me esperaban riendo y charlando.
- Y como siempre, la Bella Durmiente llega tarde. – bromeó Sean.
- ¿Siempre se te pegan las sábanas o qué? – rió Spencer.
- Muy graciosos. – dije sarcásticamente. - ¿Entramos o qué?
- Vamos. – se puso Will a mi lado.
- Podrías haberme defendido. – le susurré para que nadie me oyera.
- Tú lo has dicho, podría. – rió mientras pasaba un brazo por mi cintura.
- ¿Alguna vez se dignarán a venir a mis clases en cuanto toque el timbre? – nos preguntó el profesor en cuanto entramos por la puerta.
- Hombre, historia un lunes a primera no es que sea muy tentador. – se encogió de hombros Sean mientras reíamos.
- Además, a usted no le molesta que lleguemos tarde ¿verdad? – Lexy hizo uso de sus geniales habilidades dando a lucir la corta falda que se había puesto.
- Siéntense. – nos ordenó. Si hubiera sido cualquier otro alumno ya estaría castigado pero tener a Lexy de amiga era una gran ventaja en estos casos.

Nos pasamos la mayor parte de la clase charlando sin prestarle ni la más mínima atención al profesor hasta que sonó el timbre y fuimos los primeros en salir por la puerta. Mis siguientes clases eran Tecnología y Química antes del esperado recreo. Las horas se me pasaron volando y, sin darme cuenta, estaba con los chicos en una mesa de la cafetería comiéndome una manzana. Había vuelto más o menos a la normalidad con el tema de la comida pero ahora cuidaba más mi dieta.
- ¿Vais a ir a la fiesta de Halloween? – preguntó Lexy.
- Claro. – me miraron a mí.
- Supongo. – luego las chicas y yo hablaríamos sobre los disfraces.
- Todos esperan que vayáis juntos. – Spencer nos señaló a Will y a mí.
- Yo no sé que les pasa a todos. ¿Por qué se creen que somos novios? – rió Will.
- Porque lo parecéis. – dijo Sean. – Siempre estáis los dos juntitos y abrazaditos.
- Somos amigos, ya está. – le pegué una colleja.
- ¿Vais a ir juntos? – nos preguntó Lexy con la típica cara de “os estáis muriendo por decir que sí.”
- ¿Qué me dices? – me encogí de hombros. Will se arrodilló ante mí y me cogió una mano. – Dime, Carol, ¿me concederías el honor de ir contigo a la fiesta de Halloween?
- Sí, idiota. – me dio un beso en la mano y se sentó otra vez a mi lado.

Se acabaron las clases por hoy. Volví a casa con Lexy como todos los días mientras charlábamos sobre la fiesta. Ya teníamos más o menos decidido los disfraces que usaríamos. Ahora solo faltaba conseguirlos. Llegamos a mi casa y mi madre no estaba, como todos los días de diario. Trabajaba mucho para conseguir mantener la casa. Desde que se divorciaron, a penas está y cuando está me atosiga a preguntas que no quiero responder.
- Espera aquí, voy a ver que hay de comer. – me metí en la cocina.
- ¡Vale! – la oí gritar. – Oye, está sonando tú móvil.
- Cógelo, lo más probable es que sea Spencer.
- De acuerdo. – y no escuché nada más. Llevé los platos a la mesa que mi madre había dejado preparada y me senté a esperar a que Lexy viniera. - ¿Quién era?
- Esto… Will. – creo que me está mintiendo. – Quería saber de que íbamos a disfrazarnos para ponerse de acuerdo con Sean.
- Claro. – eso no tenía mucho sentido. A Sean y a Will eso les daba lo mismo. Hacían lo que querían y cuando querían.

Cambiamos de tema rápidamente y nos metimos en un gran debate sobre ropa. Ya sé que yo antes no hablaba sobre estas cosas porque no me gustaban pero las personas cambian ¿no? Yo soy una de ellas. Le resté importancia a lo de la llamada y comí tranquilamente con una de mis mejores amigas. Cuando terminamos de comer, se nos unió Spencer para estudiar. Sí, aunque seamos populares también estudiamos ¿sabéis? Mañana teníamos un examen de Literatura y no es que hayamos estudiado lo que se dice mucho.
- Pon la radio, Carol. – me pidió Spencer poniendo cara de cachorrito.
- Claro, Spence. – le di unos golpecitos en la cabeza y encendí la radio.
- Me encanta esta canción. – Lexy se levantó y se puso a bailar al ritmo de Into The Blue de Kylie Minogue. Enseguida nos unimos Spencer y yo.
- Vale, tiempo muerto. – dije en cuanto se acabó la canción.
- Eso, vamos a estudiar. – me apoyó Spencer.

Así pasamos las horas siguientes, estudiando, cotilleando y bailando. Nos lo pasábamos genial las tres juntas. Hacíamos muchas locuras y cuando se nos sumaban los chicos esto era un descontrol. Había encontrado grandes amigos. Con ellos no fingía como con los demás. No tenía que ocultar mis lágrimas para que me abrazaran. Ellos sabían parte de la historia, todo menos el final. Pensaban que yo era la víctima y Harry el idiota que me rompió el corazón. ¿Acaso tenía que decirles que yo era la que la había cagado? Es algo de lo que no tienen por qué enterarse. Dijiste que lo olvidarías. Lo he olvidado. ¿Y por qué hablas de él? Pues no lo sé. Asúmelo, ya no está en tu vida y no lo va a estar. ¿Cómo estás tan segura? Si no ya te habría venido a buscar ¿no? Tienes razón, además te lo había prometido. Harry Styles fuera de mi vida en 3, 2, 1… Ya.
- Bien, ya está todo aquí metido. – Lexy se señaló la cabeza.
- Aún así suspenderás mañana. – se burló Spencer.
- Perdona por no ser un cerebrito.
- Chicas, no empecéis. – dije riendo.
- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Lexy aburrida.
- Podríamos… oh, esperad. – un pitido procedente de mi portátil me interrumpió. Fui a ver lo que era. - ¿Os apetece hablar con los chicos por Skype?
- Que oportunos. – rió Spencer.
- Cállate, Spence. – habló Sean desde la pantalla.
- Bueno, ¿qué queréis? – siempre directa, Lexy.
- ¿Acaso no podemos querer hablar con nuestras tres chicas favoritas? – nos sonrió Will.
- No, porque siempre que hablamos con vosotros por Skype es para que nos pidáis algo. – me reí.
- ¿Demasiadas veces?
- Demasiadas. – asentimos las tres. – Empezad a cantar.
- Pues como sabemos que sois las tres tan maravillosas, guapas, listas…
- Menos peloteo, Sean. – le apremió Lexy riendo.
- Pues como sabréis, mi cumpleaños es en dos semanas. – hizo énfasis en la palabra “cumpleaños.”
- ¿Y? – incitó Spencer para que siguiera.
- Me han dejado la casa de mis abuelos de Londres para pasar las vacaciones de Navidad.
- Para eso queda un siglo, Sean. – dijo Spencer. – Además, que grima eso de vivir en casa de unos muertos, con respeto.
- Tranquila, eso mismo le dije a mis padres.
- ¿Qué decís? – nos preguntó Will.
- Por mí vale. – la primera en hablar fue Lexy.
- Contad conmigo. – la siguió Spencer.
- ¿Y tú, Carol? – todas las miradas estaban pendientes de mí. ¿Y ahora que decía? Quieres ir y lo sabes. Sí pero, ¿y si me los encuentro? Es un riesgo pero Londres es enorme. Dudo que te los encuentres. - ¿Carol?
- Me apunto. – dije decidida. Cada día estoy más orgullosa de ti. Gracias. Acuérdate de lo que siempre te digo. Sí, una nueva vida y él no está en ella. Nunca más.