viernes, 28 de junio de 2013

Capitulo 9 – El comienzo de una bonita amistad.

Ya era de noche en las tierras irlandesas y yo estaba mirando por la ventana de mi habitación. Todo se veía realmente maravilloso por la noche. Si por el día era magnífico el paisaje, en estos momentos no tenía palabras. Oí el ruido de la puerta abrirse y ahí me encontré con Louis. Solo llevaba una toalla enrollada en la cintura ya que se acababa de duchar. Cuando me vio al lado de la ventana, inmediatamente se acercó a mí y me abrazó por detrás.
- La vista es preciosa. – dije en un susurro.
- No tanto como tú. -  me comenzó a besar el hombro derecho.
- Eres increíble. – me di la vuelta para decírselo a la cara.
- Lo más increíble que hay aquí eres tú. No sé como he podido ser tan estúpido y haberte ignorado todos estos años en el instituto. – me confesó antes de atrapar mis labios con los suyos.
- No mires el pasado, solo piensa en el presente que estamos viviendo y el futuro que aún nos queda por vivir. -  esta vez fui yo quien lo besó, pero esta vez de una forma más apasionada.

Me separé un poco de él y se empezó a acercar más y más a mí. Yo retrocedía con una sonrisa divertida en el rostro hasta que no pude ir hacia atrás mucho más y caí en la cama. Rápidamente Louis me acorraló entre sus brazos mientras yo reía. Se acercó más a mí y me besó como solo él sabe hacer. Comenzó a bajar los besos hasta llegar a mi cuello y dejar pequeños mordiscos. Sabía perfectamente hasta donde nos llevaría todo esto y que no podría resistirme. Estaba claro que Louis ya había pasado por esto antes y que no era un novato, al contrario que yo, pero estaba dispuesta a que el fuera el primero. Antes de que me diera cuenta, estaba en ropa interior y él iba por el mismo camino. Bajé mis dedos hasta la toalla que aún seguía en su sitio pero una mano me detuvo.
- ¿Estás segura de esto? – me susurró en el oído.
- Sí. – dije intentando parecer segura de mis acciones.
- Te amo, mi pequeña zanahoria.
- Y yo a ti. – y ahí comenzó una noche de la que nunca me olvidaré ni arrepentiré.

Gritos, gritos y más gritos, eso era lo único que oía. ¿En este planeta nadie sabía que necesitaba dormir mis diez horas diarias de sueño para ser una persona decente en el día? Al parecer no. Abrí mis ojos rápidamente y vi a los cuatro chicos saltando en la cama y gritando. Cuando me vieron despertar, pararon. Mis ojos fueron a encontrarse con la mirada de Harry que me miraba divertido, como el resto. Miré a mi lado y vi a Louis aún completamente dormido. Entonces recordé lo que había pasado anoche. Levanté un poco la sábana para que solamente mis ojos pudieran comprobarlo y estaba en lo cierto.
- ¡Vosotros cuatro, fuera! – grité todo lo que pude.

Los cuatro chicos salieron corriendo de la habitación mientras reían. Al fin, mi adorado silencio había regresado. Sin darme cuenta, golpeé con el codo a Louis y este despertó inmediatamente. Me miró con esa tierna sonrisa en la cara y me dio un beso en la mejilla. Miró con detalle cada parte de la habitación y comenzó a reírse. Miré donde estaban sus ojos clavados y pude ver toda nuestra ropa tirada por el suelo.
- Me ha gustado la forma en la que los has echado. – me abrazó y yo me acosté sobre su pecho.
- ¿Estabas despierto?
- Sí. – dijo riendo. – Bueno, ¿bajamos a desayunar o prefieres quedarte aquí acostada con tu guapo y divertido novio mientras desayunamos?
- Prefiero la segunda opción. – le de un pequeño beso en los labios.
- Pues entonces me doy una ducha y pido el desayuno. ¿A no ser que quieras hacer más divertida la ducha? – me miró con una sonrisa pícara en el rostro.
- Tranquilo, yo me quedo aquí en la camita sola. – dije remarcando la última palabra.

Me quedé en la cama mientras oía el agua caer en el baño. Recordé cada pequeño detalle de lo ocurrido ayer. Habían pasado tantas cosas. Me peleé con Harry, Louis había hecho pública nuestra relación, había conocido a una chica grandiosa y había perdido la virginidad con el amor de mi vida. Demasiadas cosas para ser verdad. Solo habían sido dos días desde que salieron de gira y habían sido bastante completos. Al cabo de quince minutos, salió Louis vestido. Miré cada movimiento que hacía hasta llegar al teléfono para pedir el desayuno. Cuando ya hubo colgado el aparato, dirigió su mirada hacia mí, que aún seguía desnuda en la cama.
- Cariño, más vale que te vistas antes de que llegue el servicio de habitaciones. – dijo antes de darme un beso y dándome la ropa mientras se reía.

Desayunamos en la habitación entre risas y bromas sin los molestos comentarios de nuestros amigos. No podía borrar la estúpida sonrisa de enamorada que tenía en la cara y a Louis le hacía gracia. Todo esto era un sueño y no quería despertar nunca. Estábamos en el enorme balcón, que el hotel tenía en cada una de las habitaciones, charlando de todo y de nada. Con Louis podías tener una conversación donde no se decía nada coherente y otra que fuera la más seria del mundo. Sabía ponerse en la piel de las personas. Le conté que había conocido a la chica de ayer, Rose, y que me había caído muy bien. Él estaba feliz por mí, sabía cuanto me costaba hacer amigos por culpa de mi gran timidez. Pasamos toda la mañana allí hablando hasta que le sonó el móvil. Eran los chicos que lo necesitaban para comenzar a ensayar para la gira. Se despidió de mí, claramente avisándome antes de que volvería tarde. Me quedé sola en la habitación hasta que se me ocurrió la genial idea de llamar a Rose. Marqué su número, que me lo había dado ayer cuando la conocí por si me apetecía quedar con ella alguna vez, y esperé a que sonara.
- ¿Hola? – reconocí la dulce voz de la chica.
- Rose, soy Carolina. La chica de ayer. – dije por si no me había reconocido.
- Sé quien eres, Carol. – rió al otro lado del teléfono. - ¿Qué pasa?
- Bueno, me estaba preguntando si querías quedar conmigo. Es que los chicos se han ido a ensayar y no conozco a nadie aquí.
- Claro, dime el sitio y la hora y allí estaré.
- Genial, ¿en el lugar donde nos conocimos dentro de dos horas? – propuse tímidamente.
- Claro, no vemos luego, Carol. – se despidió.
- Hasta luego, Rose. – colgué el teléfono.

Me duché y vestí en un tiempo record. Estaba nerviosa, era la primera chica con la que había congeniado, a parte de Jade. Entonces me acordé de ella. No había podido venir por culpa de una inoportuna enfermedad de su abuela. Adoraba a la abuela de mi amiga pero yo la necesitaba conmigo. Se me hacía muy difícil enfrentarme a Harry y eso que solo llevaba dos días soportándolo sola. Después de vestirme con unos shorts vaqueros, una camiseta con el hombro caído con la bandera de mi país natal que dejaba ver un poco de mi barriga y colocarme mis preciadas convers, esta vez de color rojo. Cogí un sombrero que me encantaba y me lo puse. Una vez vestida, cogí un bolso y metí lo fundamental. Cuando terminé de prepararme, miré el reloj que me mostraba que aún me quedaba una hora y cuarto. Tenía tiempo de sobra. Agarré mi móvil y me dispuse a llamar a Jade. Esperé paciente a que dejaran de sonar los típicos pitidos y a que contestara.
- ¿Carol? – era la inconfundible voz de Jade.
- ¿Quién va a ser sino? – reí después de contestar.
- Pensé que te habías olvidado de tu mejor amiga. – empezó a dramatizar.
- ¿Cómo me voy a olvidar de mi tonta actriz? – solíamos bromear con ese tema, ya que las dos aspirábamos al mismo sueño.
- Bueno, ¿qué tal en tierras irlandesas?
- Genial, tengo que contarte muchas cosas pero antes, ¿cómo está tu abuela? – me acordé de la pobre mujer, me preocupaba mucho su estado de salud.
- Muchísimo mejor y, ¿a qué no sabes lo que me ha dicho mi madre? – hizo una pausa dramática. – ¡Dentro de un mes estaré con vosotros!
- ¡¿Qué?! – esa noticia no me la esperaba para nada y estaba muy contenta.
- Estaré dándote la lata en un mes. – me avisó.
- Pues yo te tendré con la intriga durante este largo y precioso mes. – reí después del comentario de Jade.
- ¡No puedes hacerme esto! ¡No me obligues a preguntarle a Louis! – eso la había hecho enfadar un poco.
- Louis, como todo un caballero y un buen novio, no te dirá nada. – volví a reír. – Bueno, me tengo que ir. Adiós, Poopey.
- Adiós, Sweetie. – se despidió, pero antes de colgar. – Que conste que me tienes que contar muchas cosas.

Colgué el móvil y lo guardé en el bolso para poder salir por la puerta y encontrarme con Rose en nuestro punto de encuentro. La chica era muy simpática y no es como las cientos de fans que nos atacaron ayer a Louis y a mí. Ella sabía controlarse y, lo más importante de todo, respetaba mi romance con el mayor de los chicos. Iba caminando por las calles de Irlanda, intentando recordar el camino, hasta que vi un grupo de chicas y chicos en un parque. Estaban todos sentados en el césped riendo de tonterías, seguramente. Me recordaban mucho a como éramos Louis, Jade y yo antes de que este se hiciera famoso. Pasábamos todos los días los tres juntos en el parque charlando, riendo y disfrutando de cada minuto juntos. En la acera de enfrente pude ver a una chica pelirroja sentada en un banco. Rose, no había ninguna duda. Me acerqué rápidamente a ella y no me había equivocado. Al verme, Rose se levantó y me dio dos besos, uno en cada mejilla.
- Pensé que no ibas a venir. – dijo con una sonrisa.
- Lo siento, es que no encontraba el camino. – reí ante mi torpeza.
- Bueno, ¿vamos a tomar algo? Conozco un sitio donde sirven unos batidos deliciosos.
- Claro, tú guíame y yo te sigo. – nos pusimos las dos en pie y comenzamos a andar.
- ¿Sabes? Creo que esto va a ser… - paró para mirarme a la cara y mostrarme una preciosa sonrisa. – El comienzo de una bonita amistad.


jueves, 27 de junio de 2013

Capitulo 8 - Puedo perdonar, pero no olvidar.

Una hora más en ese dichoso avión y era libre, solo sesenta minutos más. Me levanté y fui al bar con los chicos dejando a un Harry triste y cabizbajo sentado en su asiento. Abrí la puerta y allí estaban mis cuatro amigos bebiendo, algo normal entre ellos, supongo. Me quedé de pie en la puerta mirándolos cuando Louis me hizo una seña para que me sentara sobre sus rodillas. Lo hice y me uní a la conversación. Eran unos chicos muy divertidos y me lo pasaba genial con ellos, por ese motivo me habían caído bien desde el principio, aunque eran un poco raros. Descubrí que Liam le tenía miedo a las cucharas, por una extraña razón; Zayn tenía una clara obsesión con los espejos, mejor dicho por su reflejo y Niall contaba los chistes peor que yo. Unos minutos después, apareció una azafata que nos pidió que nos sentáramos ya que íbamos a aterrizar. Me senté en el mismo lugar que antes y me abroché el cinturón. Pasado un rato ya estábamos todos en el aeropuerto con nuestras maletas dispuestos a irnos al hotel. Veinte minutos más de viaje, esta vez en dos taxis porque no cabíamos, y llegamos al hotel. No sabía que pensar, estaba de viaje con mi novio por todo el mundo y había tenido el privilegio de rechazar a uno de los chicos más deseados del planeta. Una vez en la habitación, dejé la maleta tirada al lado de la inmensa cama de matrimonio que había. Tenía una habitación para mi sola ya que los chicos la compartirían. La verdad, no le veía mucho sentido, cinco chicos metidos en una sola habitación.
- ¿Estás lista? – me sorprendió una voz en la puerta.
- Sí. – le contesté ilusionada a Niall.
- Pues vamos. – me cogió de la mano y salimos corriendo de la habitación.

Entramos al ascensor justo antes de que se cerrara y bajamos los ocho pisos hasta llegar al hall. Allí estaban todos con gafas de sol y, algunos, con sombreros para pasar inadvertidos, cosa que dudo mucho. Louis me dio un beso en la mejilla y me cogió de la mano para empezar una emocionante excursión por el país. Niall nos llevó por los lugares más inéditos de Irlanda y nosotros, o por lo menos yo, lo mirábamos asombrados. Nos sacamos fotos de todas las maneras posibles en todos los lugares a los que íbamos. Este viaje iba a ser el mejor de mi vida y tenía que ser recordado como tal. Después de tres interminables horas, paramos a descansar en un pequeño pub. Todo era impresionante fuera y dentro del local. Estaba decorado con pequeños sombreritos verdes, los típicos del Día de San Patricio, y unos cuantos tréboles de tres y cuatro hojas. Nos sentamos en una mesa y Niall y Zayn fueron a pedir nuestras bebidas y Liam y Louis al baño. ¿Coincidencia? Yo creo que no. Me quedé en silencio frente al rostro impasible de Harry.
- ¿Acaso te ha comido la lengua el gato? – bromeé.
- ¿Alguna vez te he dicho que eres muy graciosa? – dijo sarcásticamente.
- No, pero sé que piensas que es verdad. – reí al ver su mueca de molestia.
- Eres un bicho muy molesto.
- Oye, ¿esa es tu forma de intentar llevarte bien conmigo? – me estaba empezando a cabrear y eso no era algo bueno.
- Mira, vamos a dejar unas cuantas cosas claras. – me miró fijamente con esos impresionantes ojos verdes que me sacaban más de un suspiro. – Primero, lo he intentado pero tú no has querido. Quería que fuéramos amigos pero tú has pasado del tema. Segundo, ya no quiero nada contigo. Tú eres la novia de Louis y, como tú dijiste, las novias de los amigos son territorio prohibido. Y tercero, no quiero tener nada que ver contigo. Olvídate de todo lo que te dije, era mentira. Estaba pasando por una larga racha de sequía y tú eras la única chica que tenía más cerca, así que no te hagas ilusiones.
- Ya estamos aquí, chicos. – oí la voz de Liam.
- Mirad lo que traemos. – esta vez fue Zayn.
- Esta es la forma de Niall de darnos la bienvenida. – me sonrió Louis.
- Bienvenidos al país de los duendes. – dijo Niall con una sonrisa.

Miré la bandeja con seis vasos de cada uno con una cosa diferente. Dirigí mi mirada a las bebidas y casi al instante a Harry. Se me notaban las intenciones a kilómetros. Me levanté de mi silla para poder coger un vaso con un líquido naranja en su interior. Acto seguido, sonreí hipócritamente a Harry y vacié el contenido del vaso en sus perfectos rizos. Al acabar mi cometido, salí corriendo del local para perderme en las interminables calles de Irlanda. ¿Quién se había creído para hablarme así? No sabía hacia donde me dirigía, recordad que no conocía la ciudad, y mis ojos no me permitían ver bien el camino por la cantidad de lágrimas acumuladas. Sus palabras me habían afectado mucho pero, ¿por qué? Es lo que llevaba buscando desde que apareció en mi vida, que me dejara en paz. Ahora había conseguido mi propósito y quería justo lo contrario. No hay quien me entienda, ni siquiera yo misma. Me senté en un banco de un parque cercano, o lejano, al pub y continué llorando tranquilamente. Mi móvil no paraba de sonar, seguro que por culpa de lo chicos, pero no estaba en condiciones de hablar con nadie. Este viaje no podía haber salido mejor. Si todo iba a ser como este día lo mejor será que vuelva a casa con mis padres. Estaba pensando en todas las cosas malas que me estaban ocurriendo hasta que se me vino un pensamiento a la cabeza. Si me estaba pasando todo lo malo ahora, eso significaba que ya nada podía ir peor. Y como si estuviera en una película, la típica escena donde está la triste chica pensando en sus desgracias sentada en un banco de un parque, empieza a llover o mejor dicho, a diluviar. La verdad, no me importó mucho pero tenía que hacer algo o iba a acabar con una grave pulmonía. Sentí como alguien se acercaba a mí, pude oír sus pasos. Esa persona se sentó a mi lado y pasó su brazo por mis hombros. Levanté la cabeza lentamente y dirigí la mirada hacia arriba para poder verle la cara.
- Me ha costado encontrarte. – dijo mirándome a los ojos.
- Lo siento, Zayn.
- Tranquila, sabes que me tienes para todo.
- No te conozco desde hace mucho pero, en ese poco tiempo, te has convertido en un hermano para mí. – le confesé.
- Tú también eres mi hermanita pequeña. – me dijo después de darme un beso en el pelo. – Ahora vamos o cogerás un resfriado.

Me levanté y de la mano de Zayn, fuimos de regreso al hotel. No paraba de reírme de las gracias de mi amigo hasta que llegué a la puerta de mi habitación. Entramos y me obligó a darme una ducha caliente ya que estaba muerta de frío. Salí del baño envuelta en una toalla y me encontré con Louis dormido en mi cama, era tan tierno. Me vestí antes de que se despertara y me tumbé a su lado. La ducha me había servido para pensar y darme cuenta de una cosa, amaba demasiado a mi novio como para que una estúpida pelea con un chico estúpido se interpusiera. Lentamente fui cerrando los ojos hasta quedarme dormida al lado de Louis. Al cabo de no sé cuanto tiempo, desperté. No recordaba donde estaba hasta que oí unos gritos en la puerta. Es verdad, estaba en Irlanda de gira con mis amigos. Pegué la oreja a la puerta para escuchar y pude reconocer las voces de los chicos.
- ¡¿Cómo pudiste decirle eso?! – creo que era Liam.
- ¡¿De verdad pensaste que era ese tipo de chicas?! – esta vez, si mi oído no me falla, era Niall.
- Definitivamente tú estás loco. – supongo que era Zayn el que hablaba. – ¡Es la novia de Louis!
- Pensaba que éramos amigos pero, me has fallado. – claramente esa era la voz de Louis. – Confiaba en ti.
- Tío, lo siento. Sabes que yo nunca te fallaría. – Harry.
- Pues lo has hecho. – oí un golpe, al parecer alguien chocó contra la pared. – Mira, me da igual lo que me hagas a mí, pero a ella ni se te ocurra hacerle daño. Si ella lo pasa mal te las tendrás que ver conmigo. ¿Lo has entendido? – ahora solo se escuchaba el silencio.
- Louis, esta no es una buena forma de resolverlo. – se escuchó hablar a la sensatez de Liam.
- Me da exactamente lo mismo. Ahora vas a ir a pedirle disculpas. – escuché unos pasos y rápidamente me tumbé en la cama para fingir que dormía.
- Servicio de habitaciones. – era la inconfundible voz de Harry.
- No he pedido nada, así que lárgate. – grité.
- Bueno, lo he intentado. – le oí murmurar y a continuación unos pasos que se alejaban. Me levanté de la cama y abrí un poco la puerta para asomar la cabeza y ver si se había marchado de verdad. – Hola.
- ¡Ah! – grité lo suficientemente alto como para que me oyera todas y cada una de las personas del hotel. - ¿No te dije que te largaras?
- Sí. – dijo tranquilamente.
- ¿Y por qué sigues aquí?
- Había venido a disculparme pero veo que no estás de humor. Avísame cuando estés de acuerdo. – me dijo antes de poner rumbo a su habitación.
- Increíble, eso es lo que eres. – dije antes de que diera más de tres pasos.
- Espero que sea en el buen sentido, preciosa.
- No, me refiero a que no puedes dejar de lado tu asqueroso orgullo y tu patético ego para disculparte. – le dije mientras se acercaba a mí.
- No es tan sencillo como tú piensas, Doña Perfecta.
- ¿A no? ¿Y qué es lo que te lo impide? – esta vez me acerqué yo a él. - ¿Por qué no puedes ser ese chico que me ayudó a hacer la maleta para pasar los mejores meses de nuestras vidas?
- Porque se cansó de hacer el idiota intentando ir detrás de alguien que no es como pensaba en realidad.
- Te dije que podíamos ser amigos y tú lo primero que me dijiste es que no encontrabas a la zorra adecuada y que tu mejor candidata era yo. – le, prácticamente, escupí las palabras.
- Mira, lo siento, ¿vale? No fue mi intención decirte todo eso pero es que estaba cansado de no recibir el trato que me merecía.
- De acuerdo, acepto tus estúpidas disculpas pero ¿sabes una cosa? Puedo perdonar, pero no olvidar. – dije antes de entrar otra vez en mi habitación, pero esta vez hubo un pequeño obstáculo que no me dejó cerrar la puerta. Harry.
- Por favor, dame otra oportunidad. – me suplicó. Tenía a uno de los chicos más atractivos de todo el planeta rogándome para que le diera otra oportunidad de ser mi amigo. Cualquier otra chica diría que sí inmediatamente, pero yo no era cualquiera.
- Te la tendrás que ganar. – fue lo único que le contesté.

Me quedé todo el día en mi habitación, bueno, cuando digo todo el día es solo hasta la hora de comer. A esa hora, alguien tocó la puerta y después entró, al parecer tenía una llave de repuesto así que tenía que ser alguno de los chicos. Yo seguí tumbada boca abajo en el suelo. Solo para que lo sepáis, no estaba loca es que hacía mucho calor y el suelo estaba fresquito. Esa persona se sentó a mi lado y me empezó a acariciar suavemente la espalda. Louis. Sabía que era él. Nos quedamos unos cuantos minutos más así hasta que por fin decidí levantarme. No me había equivocado, ahí estaba mi novio y mejor amigo. Me levanté del suelo y tomados de la mano, fuimos a comer los dos solos, sin nadie más. Había añorado estar así con Louis, aunque solo nos habíamos distanciado hoy. Me lo estaba pasando realmente bien con él riendo, jugando, abrazándonos de vez en cuando, robándonos pequeños pero sinceros besos hasta que una gran masa de chicas nos empezaron a rodear. Genial, nos habían descubierto. Louis comenzó a sacarse fotos con sus fans mientras ellas chillaban y le hacían preguntas. Yo intentaba irme de allí pero la mano de Louis sobre la mía me lo impedía. Al final, renuncié a mis intentos de huir y me quedé junto a la gran masa de chicas. No me interesaba mucho estar ahí pero una pregunta de una chica hizo que mi actitud cambiara.
- Louis, ¿esa chica es tu novia? – la pregunta la había hecho una chica de mi edad, más o menos, pero no la había hecho de mal gusto.
- Pues… - Louis me miró con sus grandes ojos azules y después a la chica para volver su mirada a mí. Yo lo único que pude hacer fue sonreírle y mirar a la chica que aún esperaba con ansias la respuesta como todas las demás. – Sí, es mi novia.
- Me alegro por vosotros, hacéis una pareja preciosa. – pude oír a la chica por encima de todos los insultos hacia mí por parte de muchas de las Directioners.
- Gracias. – dije antes de apartarme del grupo, dejando a Louis en el centro de ese gran huracán de gente, seguida de esa chica. – Gracias por ser de las pocas que lo piensan.
- Si Louis es feliz contigo lo tendrán que respetar, al fin y al cabo es su ídolo.
- Tienes razón. ¿Cómo te llamas? – esta chica me estaba cayendo muy bien.
- Rose y tú eres Carolina, ¿me equivoco?
- No pero, ¿cómo lo sabes? – nadie había dicho nada de mi relación con Louis ya que habíamos sido lo suficiente cuidadosos en todos los aspectos.
- Eres la chica que le tiró un refresco en la cabeza a Harry Styles. – dijo sin poder aguantar la risa.
- Lo siento. – dije con una pequeña sonrisa en la cara.
- No te disculpes, puede ser uno de mis ídolos pero no puedo negar que es gracioso.
- Rose, tengo el presentimiento de que nos vamos a llevar muy bien.


martes, 25 de junio de 2013

Capitulo 7 – ¿De verdad no significó nada para ti?

Entramos en mi casa, yo rezando por que mis padres estén durmiendo o directamente que no estén y Harry contento por estar a solas conmigo en mi casa. Estaba todo a oscuras y no se oía nada. Entré un momento en la cocina dejando a Harry en el salón esperando y vi una nota pegada en la nevera. “Carol, tu padre está en una cena de trabajo y yo he tenido que acompañarle para que no empiecen a decir cosas en la oficina. Tienes la comida en la nevera. Volveremos tarde. Te queremos.” Después de leer la nota me puse a chillar y a saltar de la alegría. De repente me sorprendió ver a Harry de pie en la puerta riendo. Subí corriendo a mi habitación, seguida muy de cerca por él, y saqué la maleta de debajo de la cama. Harry la abrió mientras yo sacaba la ropa del armario. Yo iba metiendo la ropa doblada en la maleta y cuando me daba la vuelta, Harry la quitaba y se reía.
- ¿Así ayudas tú? – dije doblando la misma camiseta otra vez.
- ¿Nadie te ha dicho que estás muy sexy cuando te enfadas? – se acercó peligrosamente, seguramente con intenciones que no podía ni imaginarme.
- No, pero tengo que hacer la maleta y prefiero no escuchar tus estupideces.
- ¿Dónde está la Carolina dulce y sensible que conocí en el baño?
- Se quedó encerrada.
- Carol, sé que podemos llevarnos bien. – dijo mientras se sentaba en mi cama.
- Yo creo que no, pero podría intentarlo. – acabé accediendo.
- Gracias. – dijo sonriendo.
- No lo hago por ti.
- ¿Entonces por quién?
- Por Louis, porque le gustaría que me llevara bien con todos sus amigos y eso te incluye a ti.
- Lo suponía. – vi que bajo la cabeza arrepentido.
- Puedes ayudarme sacando la ropa de esos cajones, si quieres. – dije hablando con el tono dulce con el que le había hablado en el baño del restaurante.
- Claro, para eso he venido. – me mostró una sonrisa, probablemente falsa.

Continué sacando ropa del armario y metiéndola delicadamente en la maleta mientras Harry sacaba unas camisetas que tenía en los cajones que estaban al lado de mi armario. Empezó a sonar una emisora de radio y me di la vuelta para ver a Harry que había encendido mi equipo de música, iba a poner el CD que estaba al lado del aparato. No vi el nombre pero ya sabía cual era y no quería que lo escuchara. Salté sobre él y evité que le diera tiempo a ponerlo y así empezó una pequeña lucha entre nosotros por el CD. Estábamos los dos tirados en el suelo peleando. Conseguí colocarme sobre él y coger el dichoso disco. Sonreí triunfante alzando el CD para que no pudiera alcanzarlo. No sé como, una milésima de segundo después estaba sobre Harry. Tenía puestas sus manos sobre mi cintura y las mías estaban sobre su pecho, había perdido el CD y esta vez lo tenía él otra vez en su poder.
- ¿Por qué no quieres que lo escuche? – susurró sobre mis labios.
- Porque son mis canciones y no quiero que las oigas. – me perdí en sus ojos.
- ¿Tan malas son?
- No lo sé.
- Carol, te he oído cantar y lo haces genial. No entiendo por qué no quieres ser cantante.
- No me gusta, solo es eso.
- Lo harías genial. – se acercó poco a poco a mí.
- No tanto como tú. – se me escapó en un susurró. Cerré los ojos y recé para que no lo hubiera oído.
- Serías mejor que yo. – no podía resistirme por más tiempo si seguía tratándome de esa manera. – Hagas lo que hagas lo vas a hacer genial, créeme. – Vale, no aguantaba más. Acorté la poca distancia que había entre nosotros y le besé. No eran como los besos de Louis pero sí que eran dulces. Cuando nos separamos por la falta de aire me miró a los ojos mientras me acariciaba la mejilla. – Pensé que nunca lo harías.
- Yo también lo pensé. – noté que me había sonrojado por la sonrisa de Harry. Me levanté y cerré la maleta, que ya estaba terminada. – Bueno, ya está lista la maleta y puedes irte, eres libre. Gracias por la ayuda.
- ¿Por qué no podemos intentarlo?
- ¡¿Qué?!
- Tú y yo, juntos, en una relación.
- Creo que el beso se te ha subido a la cabeza. – dije mientras le acompañaba hasta la puerta.
- ¿Por qué no? Yo te amo, tú me amas. Intentémoslo. – se giró para mirarme.
- Hay un pequeño problema. Yo no te amo.
- ¿A no? ¿Entonces, por qué me has besado?
- No lo sé, pero yo estoy enamorada de Louis. – le dije mirando sus preciosos ojos verdes. – Y yo no puedo enamorarme de alguien como tú.
- ¿Cómo yo? – se sorprendió al oír mi respuesta.
- Alguien tan mujeriego, egocéntrico, que no es capaz de decir lo que siente y solo piensa en jugar con los sentimientos de las mujeres.
- ¿Sabes? – dijo dándose la vuelta, dándome la espalda, y comenzando a caminar hacia la casa de al lado. – No soy como tú piensas.

Después de decir eso, pude ver como se alejaba con las manos en los bolsillos y cabizbajo. No me podía creer que de verdad le había dicho todo eso, después de que él se me declarara. Acabo de llegar a una conclusión, soy un monstruo. Entré en mi casa y me fui directamente a la cama, no quería pensar en nada ni en nadie. Al cabo de cinco minutos, abrí los ojos por los gritos que oía. Mis padres no habían llegado aún, entonces ¿quién podía ser? Me levante lentamente intentando averiguar de donde procedían los gritos y descubrí que venían de la ventana de enfrente. Había una luz encendida y pude ver dos sombras moverse por la habitación de Louis. No entendía lo que decían pero me lo podía imaginar. Seguramente Harry le habrá dicho que nos besamos y ahora no querrá vernos ni a él ni a mí. Me lo había ganado por caer en las redes del increíble Harry Styles. Me volví a sentar en mi cama a llorar, que últimamente era lo único que sabía hacer. Esto no podía estar pasando, solo era una pesadilla. Me tumbé en la cama y acabé durmiéndome aún con lágrimas en los ojos.
- Cariño, despierta. – oí una voz a mi lado.
- ¿Qué pasa? – pregunté medio dormida.
- Han venido tus amigos a recogerte. Vuestro avión sale en una hora.
- Vale. – me levanté corriendo y me empecé a vestir. – Mamá, un momento.
- ¿Qué pasa? – se dio la vuelta antes de salir de mi habitación.
- ¿No estás enfadada porque no te lo había dicho? – pregunté con cierto temor a que me castigara de por vida por no decírselo.
- No, Louis me lo ha explicado todo. Hacía mucho que no lo veía, está más guapo. – me sonrió.
- ¡Mamá! - dije avergonzada después de tirarle un cojín para que saliera.

Louis estaba aquí, había venido a recogerme. Eso solo significaba una cosa: no lo sabía aún. Entonces, ¿todos los gritos de ayer que fueron? No le di mucha importancia, estaba a salvo. Bajé las escaleras corriendo y, por culpa del último escalón, tropecé cayendo sobre algo o mejor dicho alguien. Abrí los ojos, los había cerrado al caer, y vi el perfecto rostro de mi novio sonriéndome. Me dio un beso y me ayudó a levantar. Cogidos de la mano, salimos de mi casa para encontrarnos a todos nuestros amigos metidos en una gran limusina negra. Me despedí otra vez de mis padres, en el fondo los iba a echar de menos, y Louis hizo lo mismo. Cuando iba a coger mis maletas para meterlas en el maletero, unas manos fueron más rápidas que yo y me las arrebataron. Louis cargó con mi equipaje mientras yo lo miraba. Al levantarlas se le marcaban bien sus tonificados músculos. ¿Había estado yendo al gimnasio? Para mí no lo necesitaba pero no iba a negar que no le hubiera sentado de lujo. Me abrió la puerta y me senté en uno de los huecos libre, que para mi desgracia, era al lado de Harry. Nada más verme apartó su mirada y yo hice lo mismo. Louis se sentó a mi lado y pasó su brazo por mis hombros.
- Un momento, ¿y Jade? – pregunté después de buscarla sin ningún resultado.
- No ha podido venir, su madre no la ha dejado. – dijo Niall.
- ¿Por qué?
- Por lo que me ha contado, su abuela está enferma y tiene que cuidar de ella mientras su madre trabaja. – explicó Liam, al parecer era con el que más había conectado, a parte de Louis
- ¿O sea, que voy a pasar ocho meses sola con cinco chicos? – esto no podía ir mejor. Por más que fueran mis amigos, me intimidaba un poco.
- Tranquila, no te haremos nada. – rió Zayn.
- Más os vale. – les miré con cara amenazante para luego reír yo también.

El trayecto en limusina se me hizo eterno. Aunque íbamos hablando y riendo, no estaba muy cómoda por culpa de cierta persona. No había apartado la mirada de la ventanilla y no había hablado con nadie. Era por mi culpa, eso lo tenía muy claro. Tendré que ingeniármelas para poder aclararlo todo a solas. No me hacía mucha gracia pero no tenía otro remedio. Tenía que volver a encontrarme con Harry a solas. Llegamos al aeropuerto y cada uno cogió sus respectivas maletas. Era la que menos maletas llevaba, y eso que era una chica. Recordaba que me habían dicho que a lo mejor iban a tener un avión privado para la gira pero yo eso lo veía imposible. Caminaba al lado de los chicos para no perderme y, después de andar unos minutos, llegamos ante un enorme avión de color blanco.
- ¿Esto es enserio? – dije asombrada y con una sonrisa en los labios.
- ¿Qué esperabas? – me abrazó Niall por detrás mientras reía.
- Tengo la sensación de que va a ser la mejor gira de todas. – dijo Liam también con una sonrisa.
- ¿A qué esperamos? El avión es nuestro. – entró Zayn corriendo al avión, seguido de Liam, Niall y Louis.
- ¿Podemos hablar? – dijimos los dos a la vez.
- Claro, tú primero. – dije.
- Mejor que empieces tú.
- Vale. – levanté la cabeza para mirarle a la cara. – Mira Harry, esto no puede seguir así. No somos muy amigos pero te dije que podíamos intentarlo y no lo vamos a estropear por un estúpido beso que no significó nada.
- Claro, no significó nada. Todo arreglado. – me mostró una pequeña pero falsa sonrisa.

Entramos los dos al avión en silencio y nos sentamos en nuestros respectivos asientos. El vuelo no era muy largo pero yo estaba muy cansada ya que no había dormido la noche anterior. Me apoyé en el hombro de la persona que tenía a mi lado, que no sabía quien era porque no me había fijado, y me dormí. “¿Dónde estoy? Esto parece un camino que se bifurcaba en otros dos. ¿Qué era todo esto? Estaba claro que estaba soñando, pero ¿con qué? Miré cada camino intentando averiguar lo que había al final para saber cuál coger. Un momento, ¿ese de ahí no es Louis? Sí, era Louis. Empecé a correr cuando vi en el otro camino a ¿Harry? Me detuve de golpe y miré ambos caminos. ‘Tienes que elegir’ oí una voz a mis espaldas. Era Jade la que me hablaba.” Desperté de golpe y no vi a nadie pero yo seguía apoyada en un hombro. Levanté la cabeza y vi la cabeza de Harry que me miraba.
- ¿Dónde están los demás? – pregunté apartándome de él.
- Hay un pequeño bar en esa habitación de atrás. Están comiendo. – no apartó su mirada de mí ni un instante.
- ¿Falta mucho para llegar?
- Una hora solo. – se hizo un silencio bastante incómodo entre nosotros. Los dos mirábamos al lado opuesto del que miraba el otro, pensando que de esa forma se resolverían nuestros problemas. Al final, optó él por romper el silencio. - ¿De verdad no significó nada para ti ese beso?
- Harry, no empieces otra vez. Eso no tendría que haber pasado, fue un error. – intenté aclarar la situación.
- Necesito saberlo.
- No, ese beso no significó nada para mí. – dije bajando la cabeza para evitar mirarle.
- Dilo otra vez, pero ahora dilo mirándome a los ojos. – dijo mientras levantaba mi cara con una de sus manos.
- El be… beso no sig… – no podía decirlo. ¿Por qué no? No era tan complicado. Vamos Carol, tú puedes. Solo es una patética frase, dila y podrás vivir tranquila junto a Louis. – El beso no significó nada para mí.
- ¿De verdad no significó nada para ti? – negué con la cabeza. – Pues para mí lo fue todo.


domingo, 23 de junio de 2013

Capitulo 6 – En la guerra y en el amor todo vale.

 ¿Quién puede hacer tanto ruido a esta hora de la mañana? Por favor, es demasiado temprano. Solo son las… 12:30. Bueno, no es muy temprano que digamos pero, hay gente que quiere dormir. Abrí los ojos y me incorporé rápidamente. ¿Dónde estaba Louis? Claro, todo había sido un sueño y ahora iba a despertar para aparecer en mi casa con mis encantadores padres, por favor notad mi ironía. Miré a ambos lados y no estaba en mi habitación. Esas fotos, esos pósters, no eran míos. No era un sueño. Me levanté y bajé las escaleras corriendo con el pijama aún puesto. Llegué como una bala al comedor donde estaban todos preparándose para el desayuno.
- Mirad quien ha llegado. – dijo Zayn mirando a los demás.
- Bella durmiente, por fin decide usted aparecer. – continuó la broma Niall.
- Gracias por despertarme. – me crucé de brazos y fingí enfadarme.
- Es que estabas tan mona durmiendo que no quise despertarte. – me dijo Louis antes de darme un tierno beso de buenos días.
- Solo por el beso estás perdonado. – sonreí ampliamente.
- Bonito pijama. – dijo Harry entrando al comedor con un plato de comida que me puso delante.
- Cierra el pico, Styles. – le fulminé con la mirada.
- ¿Qué hacemos hoy? – preguntó Jade, que hasta ahora lo único que había hecho fue reírse de mí.
- Dar una vuelta y después hacer las maletas. – dijo Harry como si nada. Todos le miraron enfadados. – He fastidiado la sorpresa ¿verdad?
- A veces pienso que de verdad eres tonto. – dijo Liam mirándole fijamente.
- ¿Qué maletas? – preguntamos Jade y yo a la vez.
- Nos vamos de viaje. – dijo Niall emocionado.
- Bueno, dentro de poco empezamos nuestra gira por Europa y América y pensamos que os gustaría venir con nosotros. – explicó Zayn.
- Es que pensamos… - empezó a decir Harry pero lo interrumpí.
- Ah, ¿es que tú piensas? – eso provocó las carcajadas de los demás y una mirada asesina por parte de Harry.
- Para tu información, sí. Y si me dejas acabar, iba a decir que como sois la mejor amiga y novia de Louis pensamos en que podíais venir con nosotros.
- Yo no lo sé, tendré que preguntárselo a mi madre. – dijo Jade.
- Yo voy. – dije sonriente.
- ¿No vas a preguntárselo a tus padres? – preguntó Zayn curioso.
- Les dará lo mismo. – me encogí de hombros, no estaba preparada para decirles que mis padres estaban a punto de divorciarse.

Acabamos de desayunar y, después de recogerlo todo, fuimos a dar una vuelta como habíamos acordado antes. La gira empezaba en una semana pero los chicos iban a viajar a Irlanda, lugar elegido por Niall para el primer concierto, mañana. Íbamos, me incluyo porque si es necesario me fugo de casa, a estar ocho meses con ellos dando vueltas por el mundo. Iba a estar ocho meses con mi novio, mis nuevos amigos, tal vez mi mejor amiga y el pesado de Harry. ¿Qué he hecho para merecer esto? Soy demasiado buena como para aguantar a un chico tan irritante como él. Si dijera esto en voz alta seguramente millones de chicas me cortarían la cabeza mientras Harry disfruta del espectáculo. Millones de chicas estúpidas que sueñan cosas imposibles como conocer a sus ídolos. ¿Por qué estoy pensando esto en vez de disfrutar de mi último día en Doncaster? También, en el fondo esas chicas no me han hecho nada y es normal que deseen conocerlos. Estábamos paseando hasta que a mí me entró hambre y entramos en un restaurante normalito, por ese día nada de lujos por parte de los chicos. Nos mimaban demasiado y no me gustaba, recordad que odio estar en deuda con la gente. Comimos entre risas que es de la única forma que sabíamos hacerlo. Cada uno hablaba sobre chorradas con el de al lado o el de enfrente. Me disculpé y fui al baño. Me metí en un aseo y cuando salí me lavé las manos. Levanté la vista para mirarme al espejo y vi algo que no tenía que estar allí.
- ¿No piensas dejarme en paz? – dije irritada.
- No. – me contestó sonriente.
- Si entra alguien no me hago responsable de lo que pase, es más, me dará lo mismo. – me dispuse a irme pero me cogió del brazo.
- Tranquila, no va a entrar nadie porque está cerrado con llave. – sacó unas llaves del bolsillo.
- ¿Cómo las ha…?
- Digamos que ser famoso tiene sus ventajas.
- Lo que tú digas, abre la puerta. – le ordené
- No.
- ¡¿Qué?!
- Que no. – dijo aún con su perfecta sonrisa en la cara.
- ¿Qué tengo que hacer para que me dejes ir? – pregunté desesperada.
- Una cosa muy sencilla. – se acercó a mí y me acorraló contra la pared.
- ¿El qué? – dije con la respiración agitada. Sabía lo que iba a decir y no me gustaba, amaba a Louis, pero Harry tenía algo que me atraía y me repelía a la vez.
- Bésame. – me susurró a unos milímetros de los labios.
- No pienso hacerlo. – intenté escapar, cosa que fue inútil.
- Vamos, no es tan difícil. Solo un beso y eres libre.
- ¿Y que pasa con Louis?
- No se va a enterar.
- No pienso besarte. – me senté en el suelo con los brazos cruzados.
- Pues no te vas de aquí. – se sentó a mi lado.
- Los chicos se preocuparán por mí y vendrán a rescatarme.
- No lo creo, les he dicho que te encontrabas mal y que no se preocuparan si tardabas porque me quedaba yo contigo.
- Pero no se irán sin nosotros. – dije convencida.
- Yo creo que sí, Niall y Liam querían ir al cine y les he dicho que se vayan. – volteó la cabeza para mirarme. – Y creo que se han ido.
- ¿Y Louis? – era mi última esperanza.
- Se ha ido con ellos. ¿Sabes? Me ha costado convencerle pero lo conseguí. Tu novio puede ser muy testarudo algunas veces. – sonrió triunfante.
- Mierda.
- Esa boca, señorita.
- Perdón.

Llevábamos cuarenta eternos minutos en el baño encerrados, bueno yo era la que estaba encerrada. Me había negado a besarle y nada iba a hacerme cambiar de opinión. Tenía una forma de escapar en mente pero Harry siempre estaba un paso por delante. Había pensado en encerrarme en uno de los baños y enviarle un mensaje a alguien para que viniera a salvarme pero me había quitado el móvil. Ahora si que estaba a su merced. No hablábamos, por más que él lo intentara. No quería besarle pero a la vez sí quería. Tenía mucha curiosidad por saber como besaba Harry pero algo me decía que no, mi vocecita interna me mostraba la imagen de mi adorado novio. No pensaba engañarle con su mejor amigo, si Harry quería que lo besara ya podía estar ahí sentado esperando porque no lo iba a hacer. De vez en cuando se acercaba a mi oído para susurrarme cosas que me encendían poco a poco. ¿Hacía tanto calor ahí dentro o era yo? Me levanté y me lavé la cara, necesitaba refrescarme, pero era imposible quitarme ese calor.
- Carol, llevamos una hora aquí dentro. Hazlo para que podamos salir. – dijo Harry apartando un mechón de pelo, que se me había mojado, de la cara.
- ¿Tan importante soy para ti que ni siquiera piensas en tu mejor amigo?
- Carol…
- ¿Tan importante es para ti una chica que ni siquiera conoces que té da igual tu amistad con Louis?
- No e…
- ¿Por qué haces esto? – le pregunté, necesitaba saberlo.
- ¡¿Quieres saber por qué?! ¡Por que me gustas! ¡Por que aunque no te conozca sé que no te puedo quitar de mi mente! ¡Por que todas las noches sueño contigo! – gritó Harry después de mi pregunta.
- Se supone que las novias de tus amigos son intocables. – dije en un susurro que no sé como consiguió oír.
- Lo sé, pero una vez me enseñaron que… - hizo una pausa para mirarme a los ojos. – En la guerra y en el amor todo vale.
- ¿Sabes? El amor no es para siempre, en cambio, una amistad sí. – me di la vuelta para volverme a sentar en el suelo.
- Carol, ¿por qué me odias? – me sorprendió que volviera a hablarme.
- No te odio, solo odio a las personas que son como tú.
- Eso viene a ser lo mismo.
- Pues no lo es.
- Gracias a ti he aprendido lo que es ser rechazado por una chica. Nunca me había pasado antes.
- Siempre hay una primera vez para todo.

Estuvimos mucho tiempo allí sentados hablando para que la espera se nos hiciera más corta. Harry no parecía enfadado por mi oposición a besarle, es más, parecía divertirle estar encerrado en un baño de chicas de un restaurante conmigo. Nadie había intentado entrar, lo que se me hizo muy raro en las dos horas que llevábamos allí, pero Harry me dijo que había un cartel que ponía que lo estaban reparando. Este chico es muy listo. Tampoco había recibido ninguna llamada ni mensaje de los chicos ni de Jade y Harry tampoco. Allí estábamos, sentados en el suelo de un baño, hablando para conocernos mejor. Él me contaba su vida y yo igual, sin omitir ningún detalle. Era a la primera persona, quitando a Jade, a la que le contaba mis problemas familiares. No se los contaba a Louis porque no quería preocuparle, era muy protector conmigo y eso me encantaba. Empecé a llorar sin darme cuenta, y eso que yo me consideraba una chica fuerte, y Harry pasó su brazo por mi hombro para darme ánimos. No le aparté, ni le insulté, ni le pegué por haberlo hecho, es más, me gustaba estar así. Levanté la vista del suelo y le miré a la cara, él con la mano que tenía libre me limpió las lágrimas. Levanté mi mano y la coloqué suavemente sobre la mejilla de Harry, acariciándola. Lentamente me acerqué a él y pude comprobar que este hizo lo mismo. Ambos cerramos los ojos y quedamos a pocos milímetros de distancia. ¡¡Pero que es lo que voy a hacer!! ¡¡Carolina, detente!! ¡¡No puedes hacerlo, tienes a Louis!! ¿Por qué no puedo detenerme? Un poco más y ya estaba, sería libre pero ¿de verdad quería besar a Harry para poder irme? No me puedo creer lo que voy a hacer. Nuestros labios se rozaron y, como por arte de magia, desperté de mi trance.
- No puedo hacerlo. – dije apartándome de él.
- No importa. – dijo bajando la cabeza. - ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Supongo que sí.
- ¿Ibas a besarme para poder salir o porque de verdad querías? – me preguntó mirándome a los ojos.
- Yo… - esa pregunta no me las esperaba. ¿Qué le contestaba? Ni siquiera yo misma sabía la respuesta. – Quiero irme de aquí, por favor.
- De acuerdo, yo también estoy cansado de estar aquí. – accedió ante mi sorpresa. – Pero que sepas que me debes un beso.
- Ni lo sueñes, Styles.

Salimos del baño y del restaurante en silencio. Ya era de noche y no había nadie por las calles de Doncaster. Miré mi pequeño reloj de plata que me habían regalado Jade y Louis hace tiempo y marcaba las 23:30. A esa hora ya debería estar en mi casa, ahora tendré que aguantar el discursito de mis padres. Harry me acompañó todo el recorrido en silencio y cuando vio que estaba temblando por culpa del dichoso viento, me puso su chaqueta, sin ni siquiera dejarme protestar. Llegamos a mi casa y llegó un momento muy incómodo, o al menos para mí.
- Bueno, ya puedes irte. – dije dándome la vuelta para abrir la puerta.
- Creo que me debes algo. – puso sus manos en mi cintura.
- Yo creo que no. – le quité las manos de mi cintura.
- Al menos, por pura cortesía de tu parte, podrías invitarme a pasar. – insistió.
- ¿Que pensarán mis padres si llego a las…? - miré mi reloj. – ¿…doce de la noche con un chico?
- Tienes razón, pero aún tienes que hacer la maleta para mañana. Si quieres te puedo ayudar.
- ¿Acaso tengo otra alternativa? – dije encogiéndome de hombros.
- No.



jueves, 20 de junio de 2013

Capitulo 5 – Una nueva vida junto a mí.

Ya quedaba menos para que terminaran las odiosas clases y eso significaba que se acercaban las vacaciones. Los chicos continuaban alojándose en la casa de Louis hasta que tuvieran un nuevo aviso por parte de su manager. Solo habían pasado dos días desde que Louis y yo salimos en secreto. Desde ese día no había podido parar de sonreír y creo que nunca lo haré. Siempre había soñado con todo esto y ahora se estaba haciendo realidad. Hoy era el último día del curso y nos entregaban las notas. Yo no era mala estudiante pero desde hace algún tiempo, básicamente desde que Louis se había ido, había empezado a bajar las notas. Este año no me esperaba gran cosa. Me levanté de la cama rápidamente y me vestí a la misma velocidad. Bajé las escaleras de dos en dos y no sé como no me pude caer. Cogí una tostada y salí corriendo por la puerta para dirigirme al instituto. Adivinad, tarde otra vez. Pasé por enfrente de la casa de Louis y oí una voz que no era la suya.
- ¿Haciendo deporte de buena mañana? – me giré y pude ver a Harry apoyado en el marco de la puerta solo con el pantalón del pijama, no llevaba camiseta.
- No, voy a estudiar cosa que creo que tú no tienes ni idea. – le contesté apartando la vista de su cuerpo y seguí corriendo.

No paré de correr hasta que llegué a las puertas del edificio. Genial, aún no habían entrado. Me reuní con Jade en la puerta y entramos juntas. Cada una se fue a su clase y quedamos en vernos en el recreo. Entré en el aula y me senté en mi mesa de siempre a esperar a que me entregaran las notas. La profesora nos fue nombrando uno a uno y nos levantamos para recoger el papel que definiría si teníamos libre el verano o no. Me levanté de mi silla y recorrí el aula bajo la atenta mirada de todos dispuesta a recoger mi boletín de notas. Todo aprobado, con malas notas pero aprobadas. Salí al patio contenta pero a la vez triste. Había descuidado demasiado mis estudios y no me lo podía permitir. Me reuní con Jade y Mark en la cafetería y almorzamos tranquilamente. Las horas siguientes pasaron volando y ya estábamos fuera. Salimos los tres juntos del edificio y los vimos de pie en la acera de enfrente. No pude evitarlo y salí corriendo para abrazar a mi secreto novio. Este me esperaba con los brazos abiertos y, cuando llegué, me levantó por los aires haciéndome girar para después darme un beso en la frente. Mark y Jade llegaron a nuestro lado y saludaron a todos. Mark se despidió de nosotros pronto porque había quedado con su novia. Jade sabía todo lo que deseaba poder besar a Louis, pero delante de todos no podía hacerlo.
- Vamos, si lo estáis deseando. – nos dijo Zayn riendo.
- ¿De qué hablas? – le reprendió Louis.
- Sabemos perfectamente que estáis saliendo. – esta vez fue Liam.
- No hace falta que os escondáis. – continuó Niall.
- Os han pillado, lo siento. – rió Jade.
- Esperad un momento. – dijo Harry mirando a sus amigos y después a nosotros. - ¿Estáis saliendo? – nosotros no sabíamos que decir.
- Sí. – dijimos con una sonrisa en la cara. Louis me cogió de la cintura y me obligó a mirarle, después fue acercándose lentamente y me besó. Por fin, si que había tardado este chico.
- Bueno pareja, ya está bien. – dijo Harry un poco ¿incómodo? ¿Molesto? La verdad, no lo sé, aún no había conseguido entender a ese chico.
- ¿Qué tal las notas? – se interesó Liam. Jade y yo les enseñamos el boletín.
- ¿Desde cuándo tú sacas estas notas? – se sorprendió Louis al ver mis malas calificaciones.
 - La verdad es que… - tenía que decirle la verdad. – Desde que te fuiste.
- ¡¿Qué?!
- Es que no dejaba de pensar en ti y… - le empecé a explicar.
- Tranquila, pero que no vuelva a ocurrir. – dijo poniéndose serio de repente.
- Sí, papá. – bromeé mientras le cogía de la mano.

Y así pusimos rumbo a la casa de mi novio. Hacia tiempo que no estaba allí. Recuerdo perfectamente los días que nos pasábamos las tardes viendo películas en su casa, los tres juntos. Ahora iba a volver a esa casa y con él de vuelta. No tardamos mucho en llegar y entrar. Estaba todo igual a la última vez. Tenía las paredes pintadas la mitad blanca y la otra mitad de un marrón claro, separados por una fina vara de madera. Los muebles eran bonitos, sin alterar la muy cuidadosa decoración de la casa. Todo estaba en perfecta armonía hasta que entramos en la cocina. Estaba todo hecho un desastre, había platos sucios, restos de comida e incluso envoltorios tirados por el suelo. Jade y yo nos miramos y nos empezamos a reír de la cara de Louis. Parecía que iba a estallar de un momento a otro.
- ¡¡Niall James Horan, cuántas veces tengo que decirte que no entres en la cocina solo!! – el rubio estaba en problemas.
- Yo, lo siento. Tenía hambre y… - se fue corriendo escaleras arriba y, al instante, Louis comenzó un nuevo juego llamado la caza del duende.
- ¡¡Por favor, no me mates!! – oímos suplicar a Niall en el piso de arriba.
- Ahí tienes a tu maduro novio. – me dijo Harry lo suficientemente fuerte como para que solo lo oyera yo.
- Prefiero a alguien inmaduro que a un idiota mujeriego. – le contesté y me fui al salón.

Me senté en el cómodo sillón y cogí el mando de la tele dispuesta a entretenerme con cualquier chorrada que pusieran a esa hora. El comentario de Harry me había dolido, al fin y al cabo, era su mejor amigo. Ya veo por donde se pasa la amistad este chico. Levanté la vista y vi a Niall ir a la cocina dispuesto a ordenarlo todo y hacer la comida y a Louis venir hacia mí. Se sentó a mi lado y me miró a los ojos, él sabía perfectamente que algo me pasaba. Me miró con esa mirada que mataba a millones de chicas y me pasó su brazo por los hombros. Apoyé mi cabeza en el suyo y cerré los ojos. Necesitaba pensar antes de que me preguntara algo. ¿Le decía que a su supuesto mejor amigo le daba igual su amistad? ¿Le decía que Harry intentaba ligar con la novia de su amigo? No, definitivamente no podía hacerlo. No lo hacía por Harry, lo hacía por Louis.
- ¿Te pasa algo? – me susurró en el oído.
- No, tranquilo. – mentí descaradamente.
- Princesa, te conozco demasiado. Ya puedes empezar a hablar.
- No es nada importante, solo estoy cansada.
- Por esta vez te lo paso, pero la siguiente… - me tumbó en el largo sofá y se colocó encima.
- ¿Qué me harás la próxima vez? – le reté.
- Esto. – dijo antes de empezar a hacerme cosquillas como un loco. 

Yo no podía parar de reír, las cosquillas eran mi punto débil y él lo sabía. Supliqué que parara y no lo hizo hasta que llegaron los demás para poner orden. Miré a Harry y pude notar que me desnudaba con la mirada. Cogí a Louis de la mano y entramos en el comedor para comer, ya estaba todo preparado. Me senté en una punta de la mesa de forma que solo podía tener a una persona a mi lado, que en este caso fue mi novio. Comimos tranquilamente mientras los chicos nos contaban anécdotas de cuando empezaron su carrera. Eran muy divertidos pero me inquietaba mucho la mirada de Harry en todo momento sobre mí. Me empezaron a explicar como cambiaría mi vida y todas esas cosas. Miré a Jade y esta comprendió mi aburrimiento.
- Chicos, gracias por molestaros en explicarme todo eso pero, yo no quiero ser cantante. – dije intentando parecer amable.
- ¡Gané! – dijo de repente Louis.
- ¿Qué? – pregunté mirándole.
- Louis y yo apostamos a ver cuanto tardarías en decir eso. – me explicó Jade mientras sacaba un billete de veinte libras del bolsillo y se lo entregaba.
- ¿Por qué no quieres ser cantante? – quiso saber Zayn.
- No me gusta, simplemente es eso. Yo siempre he querido ser actriz.
- Bueno, tampoco es tan diferente. – se encogió de hombros Niall.

Terminamos de comer y recogimos todo, esta vez Niall se aseguró de que cada cosa estuviera en su sitio, más bien por su propia seguridad. Louis y yo nos escaqueamos de recoger con la escusa de que íbamos a comprar una cosa. Salimos de casa cogidos de la mano y nos dirigimos a un pequeño mercadillo para dar una vuelta solos, sin nuestros, a veces, molestos amigos. Recorrimos todos los pequeños puestos que allí había hasta que llegamos a uno que vendía pulseras, collares y todas esas cosas. Me quedé mirando uno en especial, no era el que más destacaba pero me parecía muy bonito. Le pedí a Louis que fuera a comprar algo de beber y este aceptó encantado. Cuando se hubo alejado lo suficiente para que no me viera, le compré el colgante. Lo guardé en mi bolso justo antes de que llegara Louis. Cogí la lata de Pepsi que me había comprado y me la bebí tranquilamente bajo la atenta mirada de mi novio. Me la acabé en un abrir y cerrar de ojos y, después de tirar la lata a la basura, nos dirigimos a casa. Íbamos riendo cuando llegamos a la puerta de su casa. Entonces me acordé del colgante y, antes de que abriera la puerta, lo retuve.
- ¿Qué pasa? – se dio la vuelta para mirarme.
- Quiero darte una cosa. – dije mirando sus preciosos ojos azules.
- Si es un beso te lo acepto encantado. – me mostró una pícara sonrisa.
- Si quieres te lo doy después de esto. – dije rebuscando en el bolso y sacando una pequeña bolsita de papel marrón.
- ¿Qué es esto? – preguntó examinando el envoltorio.
- Si lo abres lo sabrás. – lo abrió y sacó un colgante de una pequeña zanahoria con piedras preciosas, claramente falsas.
- No tenías por que comprarme nada. – dijo emocionado. – Me encanta.
- Claro que tenía que hacerlo. Eres mi novio y te quiero. – le di un tierno beso en los labios.
- En todo caso, soy yo el que te tiene que hacer regalos. Para compensarte el daño que te hice al marcharme.
- Con que no te vayas me conformo. – dije después de ponerme de puntillas para besarle.

De repente, la puerta donde había apoyado mi espalda se abrió. Caímos los dos al suelo, él encima y yo debajo. Louis me miró a los ojos y yo me sonrojé, nunca lo había tenido tan cerca como ahora. Me miró a los ojos y me robó un beso antes de levantarse. Después me tendió la mano y me ayudó a levantar, no lo recordaba tan caballeroso. Allí había un chico que había visto toda la escena. Adivinad quien era, sí, Harry. Me miró de arriba abajo y después se dio la vuelta. Antes de que eso ocurriera pude ver su cara, parecía enfadado, decepcionado, disgustado, no lo sabía con exactitud. Louis me cogió de la mano y fuimos al salón donde estaban todos viendo una película. Según los grititos que oímos y el ver a nuestros amigos todos encogidos sobre ellos mismos en el sofá, dedujimos que era una de miedo. Era ‘Insidious’. Nos sentamos en un hueco libre a verla. Yo miraba la pantalla atenta, adoraba las películas de ese tipo. Oí unos gritos de fondo y luego unas risas, así que decidí darme la vuelta y ver que pasaba.
- ¿De qué os reís? No podéis estaros callados, intento ver la película. – les recriminé.
- ¿No sabía que te gustaban las pelis de miedo? – dijo Liam sorprendido.
- Gustarle es poco. – rió Jade.
- Louis, cuidado, que tu novia se pondrá a hacer exorcismos de esos cuando esté sola. – se burló Zayn.
- Dejadla en paz. – me defendió Niall, Louis lo único que hacía era reírse.

La película terminó minutos después de que se rieran de mí. En ese mismo instante, decidí ir a mi casa a por el pijama ya que me quedaría a dormir en casa de Louis, y cuando iba a abrir la puerta… Sí, digo iba porque la puerta decidió abrirse sola. Me dio un fuerte golpe en al nariz y esta comenzó a sangrar casi al instante. Una persona cruzó la puerta rápidamente y fue a ver como estaba. Harry, otra vez. Que inoportuno que es este hombre, por favor. Sacó un pañuelo de su bolsillo y me lo tendió. Al principio dudé, pero después lo acepté ya que tenía la mano prácticamente roja de la sangre. Continué mi camino hacia mi casa y a mis espaldas oí la puerta cerrarse y unos pasos  rápidos que se dirigían al lugar donde me había detenido. Me di la vuelta y choqué contra Harry. ¿No se cansaba nunca de hacer el idiota?
- ¿Quieres algo? – intenté sonar amable, cosa que fue imposible.
- Quería saber si estabas bien. – dijo lentamente, como solo él sabía hacer.
- Pues ya ves que sí, adiós.
- También quería acompañarte.
- Vuelvo enseguida. – intenté convencerlo para que no fuera.
- Da igual, te voy a acompañar quieras o no. – comenzó a caminar a mi lado.

Llegamos a la puerta de mi casa y busqué las llaves en mis bolsillos. No estaban. Saqué todo lo que tenía en estos y las llaves no aparecían por ningún sitio. Maldije en voz baja y toqué el timbre. Por favor, que no me pregunten nada, que solo me abran la puerta y me dejen en paz. Segundos después, la puerta se abrió y allí apareció mi madre. Lo suplico, por una vez en la vida que me ignore. Entré rápidamente en casa y vi que Harry seguía plantado en el portal. Miraba a mi madre y esta le miraba a él. Mierda.
- Carolina, ¿no vas a presentarme a tu amigo? – se giró para mirarme y me sonrió, no era lo que ella pensaba.
- Mamá, Harry. Harry, mamá. – subí a mi habitación y empecé a hacer una mochila con las cosas que iba a necesitar. Minutos después, la puerta se abrió.
- Tu madre es muy simpática. – era Harry.
- Porque no tienes que convivir con ella.
- Oye, ¿por qué no me das una oportunidad?
- ¿De qué hablas? – me hice la tonta.
- De ti, de mí. De nosotros. – me abrazó por detrás.
- Mira, no va a haber un nosotros nunca y como no te apartes tampoco habrá un tú. ¿Lo entiendes? – le aparté de un empujón.
- Vamos, ¿ni siquiera como amigos? – insistió.
- Puedo intentar ser tu amiga, pero nada más. Si de verdad te importara Louis, me dejarás tranquila. – dije de espaldas. Si me daba la vuelta me perdería en sus penetrantes ojos verdes.

Volvimos a casa de Louis con mi mochila, que insistió Harry en llevármela y no me iba a negar, ya preparada. Entramos y allí estaban todos en la mesa, esperándonos. Me senté rápidamente entre mi novio y mi amiga para cenar tranquilamente. Estábamos todos muy a gusto y tranquilos, eso era lo que inspiraban esos chicos en mí. Cuando terminamos lo recogimos todo y subimos a dormir, se nos había hecho muy tarde. Louis y yo íbamos a dormir en la misma habitación, cosa que ya habíamos hecho con anterioridad, incluso antes de salir juntos, los demás no lo sabía y tampoco me importaba. En el momento que Louis se metió en el baño yo me cambié de ropa. Ya con el pijama puesto y los dientes cepillados, me acosté junto a él. Me di la vuelta, de espaladas a él, y este me abrazó.
- Pequeña, te propongo algo. – susurró en mi oído.
- ¿El qué? – pregunté con los ojos cerrados.
- Una nueva vida junto a mí. – volvió a susurrar en mi oído. Me di la vuelta para mirarle y vi que estaba sonriendo al igual que yo.
- Me encanta esa idea. – dije antes de besarle.


lunes, 17 de junio de 2013

Capitulo 4 – El amor es cosa de dos, no de tres.

 Hoy iba a ser un gran día. ¿Por qué? Eso tiene fácil respuesta. Porque lo iba a volver a ver, lo ocurrido ayer no fue un sueño. Estaba más contenta de lo normal y es que, su vuelta había mejorado notablemente mi humor. Además, hoy tenía que ir a hablar con Simon Cowell por mi contrato discográfico. Abrí la ventana para que entrara el frío viento y refrescara un poco la habitación. Abrí mi armario y cogí la ropa para cambiarme. Me quité la camiseta del pijama y cogí la limpia para ponérmela. Metí la cabeza por el cuello de la camiseta y antes de ponérmela por completo escuché un silbido. Miré por la ventana y allí estaba Harry, asomado a la ventana de la casa de enfrente.
- ¡¿Qué haces ahí?! – dije mientras me daba la vuelta y me ponía la camiseta rápidamente.
- Admirar las vistas. – dijo con una sonrisa pícara en el rostro. - ¿Vas a salir con el pantalón del pijama?
- Piérdete. – dije mientras cerraba las cortinas.

Me cambié y bajé a desayunar a la cocina, allí estaban mis padres discutiendo otra vez. Les ignoré y me preparé el desayuno. Me bebí mi cola Cao de un trago y salí de casa para ir al instituto. Pasé por enfrente de la casa de Louis y allí estaba Harry, de pie, como si me estuviera esperando. Le ignoré y seguí mi camino. Una vez que pasé por su lado, me siguió. No le hacía caso pero este no paraba de mirarme y eso me incomodaba. Estábamos casi en la puerta y ya estaba todo vacío, había llegado tarde. Seguro que había sido por culpa de Harry. No tenía nada que ver pero necesitaba echarle la culpa a alguien. Unos minutos más o unos minutos menos no iban a hacer que llegara más tarde.
- ¿Necesitas algo? – dije algo irritada.
- Sí. – me mostró su pícara mirada otra vez.
- ¿El qué? – me estaba empezando a cansar de él.
- A ti. – me susurró a pocos milímetros de los labios.
- Deja de decir estupideces y vete, que tendrás mejores cosas que hacer. – me di la vuelta para entrar en clase, recordad que llegaba tarde.
- Carol… - me llamó pero yo no me di la vuelta y entré en el edificio corriendo.

Llegaba bastante tarde y por culpa de Harry todavía más. La primera clase que tenía era Música. Por fin podría ver la cara de una Alice derrotada, a mis pies. Llevaba esperando esto durante toda mi vida, bueno desde que me atacó por tener el mismo vestido que ella cuando tenía seis años. Me detuve ante la puerta del aula y respiré hondo antes de entrar. Allí estaban todos mis compañeros trabajando en sus respectivos pupitres y mi profesora hablando con un hombre y cinco chicos. ¡¡Espera!! Esos eran Louis y sus amigos. ¿Cómo había podido llegar Harry antes que yo a clase? Entonces aquel hombre tenía que ser Simon Cowell. Cuando entré, los siete levantaron la cabeza y me miraron. Eso provocó que al instante me sonrojara y pude comprobar que ellos lo notaron ya que empezaron a reír levemente. Me indicaron que me acercara y, con paso lento e inseguro, me acerqué a la mesa de mi profesora. Estaba nerviosa por la que sea que tenían que decirme pero allí estaba la dulce sonrisa de Louis para tranquilizarme.
- Carolina. – empezó a decirme mi profesora. – Ahora vas a acompañar a este hombre para que te explique lo de tu contrato.
- Tranquila, ya comprobaste que no mordemos. – me sonrió Harry.
- Pero es mejor mantener las distancias, por si acaso Styles. – le contesté lo que provocó la risa de sus amigos y que él enrojeciera levemente.
- Acompáñanos, señorita. – hizo Niall una pequeña reverencia intentando disimular la risa.

Salí de clase y pude sentir la mirada de Alice clavada en mi nuca. Estaba furiosa, lo sabía perfectamente, y eso provocaba mi satisfacción. Recorrimos los largos y solitarios pasillos del instituto hasta llegar a un aula vacía. Entraron todos menos Louis, que me hizo pasar pero antes haciendo una pequeña reverencia, como le había echado de menos. Simon estaba sentado en la silla de la mesa de un supuesto profesor y los otros cuatro estaban detrás. Los chicos me miraban sonrientes y Simon seguía con su semblante serio, la verdad daba un poco de miedo.
- No te preocupes, pequeña. – me susurró su dulce voz al oído.
- Siéntate, por favor. – me indicó Simon.
- Pareces un perrito asustado. – se burló Harry.
- Cállate, Hazza. – me defendió Liam. Sin darme cuenta, empecé a reír. ¿Hazza? Que mote más ridículo. Harry se dio cuenta y me lanzó una mirada asesina.
- Carolina, céntrate. – me advirtió Zayn también riendo.
- De acuerdo. ¿Sabes por qué estás aquí? – me preguntó Simon aún con la cara seria.
- S… sí. – dije en un susurro.
- S… sí. – me continuó haciendo burla Harry.
- Si Harry nos deja continuar… – Harry se calló al observar la mirada de Simon. – Carolina, en el concurso estuviste realmente genial y como ganadora de este, tienes que recibir tu premio. Te ganaste tu propio contrato discográfico.
- No lo entiendo. – dijo Harry sobresaltándonos a todos. – ¿Con ganar un estúpido concurso de un instituto perdido por Inglaterra te vale para que te den un contrato discográfico?
- Tiene una preciosa voz. – me defendió Niall.
- Sabe tocar la guitarra. – dijo Liam.
- Hace buenos conciertos. – comentó Zayn.
- Y sabe componer, cosa que tú aún no sabes hacer. – finalizó Louis fulminando con la mirada a su fiel amigo.
- Harry, si vas a seguir así, salte al pasillo. – dijo Simon, este negó con la cabeza y pudimos continuar. – Quiero que leas el contrato y, si te parece que está todo en orden, lo firmas. – me tomé mi tiempo para leer detenidamente el papel que tenía delante y lo firmé. – Bienvenida al equipo.
- Encantada de estar en él. – sonreí inconscientemente y, lo que me sorprendió aún más fue que, me devolvió la sonrisa.
- Ahora seremos compañeros. – me dijo Louis mientras me abrazaba.
- Tenemos que celebrarlo. – gritó Niall.
- Te invitamos a comer. – me invitó Zayn. Louis al ver mi cara recordó que no me gustaba sentirme en deuda con nadie pero me asintió con la cabeza.
- De acuerdo, ¿pero puedo invitar a una amiga? – acabé aceptando.
- ¿A Jade? – preguntó Louis a lo que yo asentí. – Claro.

Salimos del edificio todos sonriendo y bromeando menos una persona, Harry. ¿Qué le pasaba a este chico? Primero intentaba coquetear conmigo y después me atacaba diciéndome que lo había tenido muy fácil, este chico era muy raro. Esperamos a Jade en la puerta mientras habábamos tranquilamente. No me lo podía creer, acababa de firmar un contrato para comenzar una carrera musical. La verdad, nunca había sido mi sueño, todo hay que decirlo. Mi gran sueño siempre había sido ser actriz o médico, que lo veía más fácil. Vi a Jade correr hacia nosotros y acercarse rápidamente.
- Enhorabuena. – dijo abalanzándose sobre mí.
- Quita, que me aplastas. – la aparté de mí entre risas.
- Louis, nuestra pequeña se hace mayor. – dijo Jade con dramatismo.
- Hemos hecho un buen trabajo. – pasó Louis su brazos por los hombros de mi amiga.
- ¿Vamos a comer? – nos recordó Niall.

Seguimos andando por las pintorescas calles de Doncaster hasta encontrar un bonito restaurante que nos gustara a todos. Entramos en un local pequeño pero acogedor, nunca había estado allí. Entramos y, para nuestra suerte, no estaba muy lleno. Nos sentamos en una mesa bastante apartada del resto y continuamos con nuestra animada charla hasta que llegó un camarero para tomarnos nota. Pedimos rápidamente y continuamos a lo nuestro. Louis se había sentado a mi lado, como la otra vez, y tenía a Harry justo en frente. De vez en cuando, desviaba la mirada hacia Harry que no me quitaba los ojos de encima. ¿Enserio, que le pasaba a este chico? Era muy raro. Terminamos de comer y fuimos a dar una vuelta, ese día hacia un poco de frío para ser verano. Tenía a Louis a mi derecha y a Harry a mi izquierda. Al parecer, los dos notaron mis leves temblores y rápidamente me ofrecieron cada uno su chaqueta. ¿Primero intentaba ligar conmigo, después se burlaba de mí y ahora me ofrecía su chaqueta? Mira que es raro. Cogí la chaqueta de Louis y me la puse. Me venía enorme pero me daba igual, podía sentir su olor. Llevaba tiempo pensando en lo mismo desde que volvió. Aún no me había dicho nada de mi declaración. ¿Y si pensaba que era una ilusa por enamorarme de una superestrella como él? Tenía que saberlo. Sin darnos cuenta, acabamos en el parque donde quedábamos siempre.
- Louis, ¿podemos hablar? – pregunté tímidamente en un susurro para que solo me oyera él.
- Claro, pequeña. – me contestó para luego mirar a los demás. – Chicos, Carol no se encuentra bien. La voy a acompañar a casa, hasta luego.
- No quiero irme a casa. – dije mientras caminaba hacia nuestro árbol.
- Solo era una escusa. – nos sentamos bajo el cobijo de sus ramas. – Hacía mucho que no me sentaba bajo nuestro olmo.
- Louis, llevo pensando en lo mismo desde que te vi pero aún no me he atrevido a decírtelo. – dije rápidamente, ahora no hay marcha atrás.
- Es hora de decírmelo, ¿no crees?
- Supongo que sí. – asentí, necesitaba tiempo para pensar en las palabras adecuadas. - ¿Qué te pareció mi audición en el concurso?
- En la primera estuviste genial pero en la segunda, no tengo palabras para describirla. – dijo mirando al horizonte.
- ¿Qué pensaste de la segunda canción?
- Que soy muy afortunado por haber sido la persona a la que se la has dedicado. – me miró a los ojos.
- Entonces… - me interrumpió antes de acabar.
- Carol, entendí el mensaje de la canción pero el problema es que tú no entendiste el mío. – se me acababa de caer el cielo encima, no me quería como yo soñaba que lo hiciera algún día. Mi cara pareció ser de decepción total, ya que lo notó porque volvió a hablar. -  Me has malinterpretado. Carol, llevó enviándote señales con todas las canciones que hemos escrito.
- ¿Qué señales? – pregunté en un susurro. Muy bien, Carol. ¿No podías hacer una pregunta más tonta?
- Qué llevo enamorado de ti desde que te curé ese arañazo de tu mejilla. – dijo mientras me acariciaba con la punta de sus dedos mi mejilla. Se fue acercando lentamente a mí, pude sentir su aliento sobre mis labios. Ahora mismo debía de estar temblando. Por fin sentí sus labios sobre los míos.

Fui a casa de Jade acompañada de Louis. Nos despedimos con un pequeño beso en los labios y se dirigió hacia su casa, donde le esperaban los chicos. Toqué el timbre y la puerta se abrió al instante. Wendy salió a recibirme con un abrazo al que yo correspondí enseguida. Pregunté por su hermana y me indicó que estaba en su habitación. Subí las escaleras corriendo y abrí la puerta sin llamar. Allí estaba mi amiga tirada en la cama con el móvil entre las manos. Cuando me vio, lo dejó encima del escritorio y se sentó en la cama. Yo hice lo mismo con la estúpida sonrisa que tenía desde hace unas horas.
- Bueno, ¿me vas a contar lo que te pasa o te lo voy a tener que sacar con sacacorchos? – dijo con una sonrisa.
- Lo que pasa es que hoy ha sido el día más feliz de mi vida. – dije riendo.
- Cuéntale todo a tu mejor amiga.
- Bueno, pues… - le conté todo lo ocurrido con Louis e incluso lo del beso, lo del contrato discográfico y también le conté lo del incidente de la ventana con Harry incluyendo sus extrañas bipolaridades.
- Sabes, a mí me parece que le gustas a Harry.
- ¡¿Cómo le voy a gustar si no nos conocemos?! – dije indignada.
- Yo solo te digo que no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.
- Quiero a Louis, lo sabes perfectamente.
- Lo sé, pero al parecer te sientes atraída por Harry. – dijo mientras me pasaba el brazo por los hombros para darme un abrazo.
- No me gusta Harry. – dije cruzándome de brazos.
- Admítelo.
- Solo pienso que es muy guapo. – le di la razón. – Pero no me gusta, estoy enamorada de Louis.
- Lo sé. – me dio un abrazo. – Yo solo quiero darte un consejo que te va a ser de mucha ayuda.
- ¿Cuál?
- El amor es cosa de dos, no de tres.