jueves, 23 de mayo de 2013

Capitulo 2 – Superstar.

Cada vez faltaba menos, y es que ya había pasado una semana desde que me apunté al dichoso concurso de talentos. Este año tocaba sorpresa y era que una discográfica patrocinaba el concurso. La discográfica era Syco y ofrecía un contrato discográfico a la persona que ganara. Este año iba a estar reñida la competición. Tenía que prepararme dos canciones, una fundamental para tocar en la audición y otra por si pasaba a la final. Ya tenía la primera preparada, era ‘Nobody Knows’ de P!nk, la otra era sorpresa.
Solo faltaba un día para el concurso y estaba nerviosa, nunca me había ocurrido esto y si me había pasado, siempre estaba él para decirme las palabras que necesitaba oír. Ahora no tenía a nadie, bueno le sustituía Jade pero no era lo mismo. Estaba en mi casa ensayando la canción cuando sonó mi móvil, un mensaje. ‘Buena suerte mañana. Descansa’. Tenía que ser de él, estaba convencida. Miré el destinatario y no, era Marc. Me acosté abrazada a mi guitarra y me dormí. Mañana sería otro día.

Me levanté con un gran dolor de cabeza, pero me conseguí levantar. Bajé a la cocina en pijama y me tomé tranquilamente el desayuno. Después subí a vestirme para el concurso. Estuve como media hora, todo un récord para mí, enfrente del armario intentando decidir que me ponía. Al final, opté por un vestido azul claro con florecitas que caía en vuelo hasta poco más arriba de mis rodillas con un cinturón fino a juego en la cintura y unas sandalias. Cogí un bolso pequeñito donde guardé mis cosas y salí de casa. La primera fase, por llamarla de alguna manera, empezaba por la mañana y la segunda era ya por la tarde. Estaba muy nerviosa. Iba saliendo gente al escenario y el jurado de este año parecía ser exigente. Cuando dijeron mi nombre, respiré hondo y conté hasta diez antes de salir a escena. Y así comenzó mi actuación. Como ya había dicho antes, canté Nobody Knows y cuando terminé algunas personas se pusieron en pie. Lo que yo decía, este era mi año. Bajé del escenario y fui al encuentro de Jade y Marc. Los encontré hablando con su madre y Wendy en la puerta del instituto.
- Lo has hecho genial, cariño. – corrió Norma a abrazarme a lo que la correspondí con una sonrisa.
- Gracias.
- Como tú dijiste, este es tu año. – me abrazó Marc.
- Vas a ganar, lo sé. – me animó Wendy.
- Vamos a comer y a mediodía miramos quién a pasado a la final. – dijo Jade alegre, como ella suele ser.

Fuimos a un pequeño McDonald’s por petición mía. Ellos querían ir a un restaurante como dios manda pero yo no quería que gastaran mucho dinero en algo que no valía la pena, o sea yo, ya que nunca me dejaban pagar. Comimos las míticas hamburguesas y nos fuimos al terminar. Llegamos al tablón de anuncios y… ¡¡Estaba en la final!! No me lo podía creer, ya había completado parte de mi dificultoso camino. Estaba segura de que lo lograría, podía hacerlo. La segunda fase comenzaba a las seis de la tarde y aún eran las tres y media, así que fui a mi casa para descansar. Jade y Marc querían que fuera con ellos a su casa, pero yo necesitaba dejar mi mente en blanco y con ellos sabía que no lo iba a conseguir. Llegué a mi casa y recé por que no hubiera nadie dentro. Mierda, estaban mis padres. Intenté pasar inadvertida pero fue imposible.
- ¿Qué tal el concurso, cielo? – me preguntó mi madre.

Pasé rápidamente por el salón, donde estaba ella, y sin contestarle subí a mi habitación. Una vez allí, me tumbé en la cama a mirar el techo. ‘Ojala estuvieras aquí. No sabes lo insoportable que se me hacen los días sin ti.’ No podía más, le echaba demasiado de menos. Él para mí lo era todo, se había convertido en mi mundo y ahora lo había perdido. En un intento fallido por hacer que saliera de mi mente, cogí mi guitarra y comencé a ensayar la canción para la final. Era imposible que se me fuera de la cabeza si cantaba esta canción. ¿Por qué la elegí? La había escrito para él y la iba a cantar para él, aunque no la fuera a escuchar. Decidí dejar de practicar y dormir un rato para relajarme.

 ‘Pequeña, tengo que irme pero te prometo que volveré a por ti.’ Me desperté de golpe y con la respiración agitada. Otra vez. Llevaba soñando con él desde que tenía catorce años, desde que se fue. Mi móvil sonó y lo cogí para ver el mensaje. ‘Voy a recogerte para el concurso y tranquila, vas a ganar. Jade’. Al menos la tenía a ella. Me levanté de la cama e intenté arreglar mi arrugado vestido un poco, pero fue inútil. Pasados diez minutos, llamaron al timbre y bajé dispuesta a irme. Allí estaban Jade y Marc para acompañarme y relajarme. Marc me cogió la guitarra y la llevó él y Jade me daba conversación para tranquilizarme. Llegamos diez minutos antes de las seis y yo me fui a esperar mi turno mientras ellos iban a coger un buen sitio. Asomé un poco la cabeza tras el telón para ver a la gente que no tenía nada que hacer y había venido a vernos y pude ver entre los jueces a alguien que no estaba esta mañana. Era un hombre de unos 40 años alto, castaño y que al instante hizo que tuviera un cierto temor hacia él. Parecía el tipo de persona muy exigente. Intenté recordar las palabras que él usaba para tranquilizarme. ‘Pequeña, lo vas a bordar y ¿sabes por qué estoy tan seguro? Porque voy a estar a tu lado pase lo que pase’. Pero ahora no estarás a mi lado. Dijeron mi nombre y salí al escenario.
- Antes de todo me gustaría dedicar esta canción a una persona. – empecé a decir con miedo pero, poco a poco, fui cogiendo confianza en mis palabras y levanté la cabeza para pronunciarlas con seguridad. – Aunque ya no estés aquí, siempre te he tenido en mi mente y en mi corazón. Has conseguido tu sueño y me alegro, pero tenía que, de una forma u otra, decirle al mundo lo que siento por ti.

Comencé a cantar la canción que le había escrito acompañada de mi inseparable guitarra, mi única amiga. Por las caras del público pude comprobar que Jade había puesto fotos nuestras de fondo para que aparecieran mientras yo le cantaba la canción. No eran fotos de los tres sino de los dos, de él y yo. Superstar, eso era lo que era él y como había conseguido yo componer una canción diciéndole todo lo que lo amaba. Tenía lágrimas en los ojos amenazando con caer cuando terminé de cantar. Estaba todo el mundo de pie y pude ver a Jade llorando en el hombro de su hermano junto a Norma.
- Has conseguido lo que ningún concursante ha conseguido hasta ahora. – me dijo una de las jueces, creo que era una cantante local.
- ¿El qué? – pregunté tímidamente.
- Poner a Simon Cowell de pie. – dijo esta vez un hombre, ese era el director de la discográfica. ¿De qué me sonaba a mí ese nombre?
- Entonces es un honor. – dije mirando al supuesto Simon Cowell.
- El honor es mío por haberte oído cantar. – habló por primera vez. – No sabía que se podía sentir tanto solamente con una canción pero hoy, tú me has demostrado que sí es posible. Enhorabuena.
- Gracias. – dije antes de irme.

Bajé del escenario y fui a cambiarme para la entrega de premios. Hablé con mi profesora de música y me dejó un aula vacía para que me cambiara. Comprobé que no había nadie, no quería que hubiera ningún tipo de incidente, y cogí una camiseta y unos shorts vaqueros. Me cambié y cuando terminé, me puse mis adoradas converse negras. Cogí una chaqueta fina y salí del aula, no sin antes guardar todo en la pequeña mochila que había traído. Después de atravesar la puerta giré a mi derecha para encaminarme otra vez al lugar donde se celebraba el concurso. Recorrí tranquilamente el pasillo, sin ninguna prisa, y le vi. Imposible, si no está aquí. Lo tenía ante mis narices, a tres metros, pero él no me había visto. Hasta donde llega mi mente para jugarme malas pasadas, seguramente me lo estaba imaginando todo. Estaba a kilómetros de aquí, no podía ser él. Continué mi camino como si nada y llegué al escenario. Fueron llamando a los finalistas, yo entre ellos, y nos pusimos en fila. Busqué entre el público y no estaba, me lo había imaginado todo.
- Llegó el momento de anunciar quién es el ganador de esta edición del concurso de talentos del instituto de Doncaster. El encargado de nombrar al ganador será el mismísimo Simon Cowell. – dijo un chico que hacía de presentador, ni siquiera me había molestado en recordar su nombre.
- Quiero deciros que este año lo habéis puesto complicado. – empezó con el típico discursito. – Personalmente tengo un claro ganador, pero también cuenta la opinión de mis compañeros. Así que, sin más dilación, voy a nombrar a la ganadora de este año. Lo siento chicos, este año toca una chica. – dijo mirando a Kevin, un chico dos años mayor que yo. Miré a Alice con esa patética sonrisa de superioridad en la cara, otra vez lo había conseguido – La ganadora de este año del concurso de talentos de Doncaster es… Carolina Senderson.

Esas palabras estaban resonando en mi cabeza y no se iban, lo había conseguido. Había ganado. No me lo podía creer, pero Alice… Lo había hecho, la había aplastado como al bicho que era. Yo seguía en trance y el presentador me hizo despertar al cogerme del brazo para llevarme al centro del escenario. Levanté la cabeza y vi a todo un público enloquecido. Me dieron un micrófono y yo no sabía que decir. Al verme en tal aprieto, el presentador me ayudó un poco preguntándome las típicas cosas que le puedes preguntar al ganador de un concurso.
- Carolina, ¿cómo te sientes?
- La verdad, no lo sé. Todo esto es demasiado para mí.
- ¿Ganar?
- No, que no esté aquí la persona con la que me gustaría compartir mi alegría ahora. – esas fueron mis últimas palabras antes de irme.

Con mi trofeo en la mano y mi fingida felicidad, fui al encuentro de mi amiga y su familia. Encontré a Marc con su madre y hermana pequeña pero de Jade ni rastro. Me felicitaron los tres y Jade aún no había llegado. Pregunté por mi amiga y ninguno supo responder. Minutos más tarde, la vi caminando con paso rápido hacia nosotros con una gran sonrisa en la cara. ¿De dónde habrá venido? Llegó hasta nosotros y pudimos continuar nuestro camino de regreso. Llegamos a casa y Jade me subió con ella a su habitación para arreglarnos, hoy tocaba fiesta. Nos arreglamos bastante y nos fuimos sobre las 21:30 por ahí. Marc quería venir con nosotras, pero Jade aclaró sus intenciones con un no rotundo. Por mi parte, no tenía ganas de fiesta, solo quería irme a mi casa para encerrarme en mi habitación. Esta tarde había llegado a la conclusión de que estaba loca. Él no puede estar aquí. ¿O sí?
- Jade, ¿puedo hacerte una pregunta? – la curiosidad me estaba matando.
- Claro, pregunta lo que quieras. – me contestó con una sonrisa.
- Después del concurso, ¿dónde estabas?
- Pues… - se lo pensó un momento. – Ya te lo contaré en otro momento.
- Pero… - protesté
- Ya hemos llegado. – dijo parándose en la puerta de una discoteca.

Entramos y fuimos directas a la pista de baile. Yo no paraba de darle vueltas a la misteriosa ausencia de Jade y a mi gran obsesión por él. ¿Qué estaba tramando mi amiga? Continué bailando unos minutos más hasta que me cansé y me fui a la barra. Recordé que aún no tenía la edad suficiente para pedir alguna bebida alcohólica y me conformé con una Pepsi. Estaba sentada en un alto taburete viendo bailar a Jade. Lo hacía realmente bien. De pronto, un chico se le acercó y le dijo algo al oído. No pude ver quien era porque estaba de espaldas. Ella asintió con la cabeza y se fue con él. ¿Qué estaba pasando aquí? Me levanté de mi taburete y me di la vuelta. Sin darme cuenta, choqué con un chico y me tiró su copa encima.
- Lo siento. – fue lo primero que salió de su boca.
- No pasa nada. – dije intentando poner mi mejor sonrisa. Levanté la mirada de la mancha y vi, allí de pie, a Kevin. – Menos mal que el vestido es negro y no se nota tanto.
- Carol, de verdad que lo siento. – cogió una servilleta dispuesto a limpiarme, aunque sea un poco.
- Tranquilo, déjalo. – dije intentando no sonar muy brusca. – Por cierto, ¿has visto a Jade?
- Sí, se ha ido hace un rato con un chico. Parece que ha ligado.
- Gracias.
- De nada y enhorabuena por el concurso.
- Gracias de nuevo. – reí y fui en busca de mi desaparecida amiga.

Caminé entre la gente buscándola, pero no había ni rastro de ella. Decidí llamarla y no me lo cogía. Mi móvil empezó a vibrar y miré la pequeña pantalla. ‘Tengo una sorpresa para ti, canija. Sal de la discoteca y ve al parque de enfrente. Date prisa’. Era un mensaje de Jade. Por fin tenía noticias suyas. Intenté salir de allí pero cada vez había más gente y tenía que apartarla a empujones. A lo lejos, vi a Alice besándose con un chico. Ella acabó su trabajo y levantó la cabeza para mirarme con la típica mirada asesina con la que me recibía cada mañana en el instituto. Si las miradas mataran, yo ya estaría tres metros bajo tierra. Le enseñé mi hermoso dedo corazón y salí de allí corriendo. Fuera estaba todo oscuro y pude ver unas sombras en el parque de enfrente. ¿Será Jade? ¿Pero con quién está? No sabía si cruzar o darme la vuelta y volver a casa. Elegí la primera opción, al fin y al cabo, Jade no me deseaba ningún mal. Me acerqué a mi amiga y ella se levantó del banco donde estaba sentada y me tapó los ojos.
- Jade, ¿qué haces? – intenté quitarme sus manos de los ojos pero sin ningún resultado.
- Así será mejor la sorpresa. – dijo después de soltar una carcajada, de fondo oí otras risas. – Es lo que hacen en las películas.
- ¿Qué está pasando? Jade, ¿quién mas hay aquí? – me empecé a impacientar y oí más risas.
- ¿Preparada?
- Supongo.
- Sorpresa. – dijo a la vez que retiraba lentamente sus manos de mis ojos.

Si esto era un sueño, no quería despertar. Lo tenía ahí, ante mis ojos, no estaba loca, no me lo había imaginado. Estaba de pie ante mí, solo a unos escasos metros. Estaba igual pero a la vez cambiado, que tontería que acabó de pensar. Estaba notablemente más alto y muchísimo más guapo. La de veces que me había imaginado esto y ahora estaba pasando. Había vuelto, había cumplido su promesa. Espera, eso significaba que me había declarado a él. ¿Qué pensará ahora de mí? Estábamos los dos sin decir nada hasta que se acercó a mí. Estábamos a escasos centímetros y, no pude aguantarlo más, me tiré a sus brazos. Le abracé y él me abrazó. Como había echado de menos el contacto de su piel con la mía. Ahora que lo tenía a mi lado no iba a perderlo.
- Te he echado de menos, pequeña. – dijo en mi oído.
- Y yo a ti, Tomlinson. 




viernes, 17 de mayo de 2013

Capitulo 1 – Las promesas están para cumplirlas.

Sábado por la mañana. Hoy no tenía nada que hacer, o mejor dicho, no quería hacer nada. Desde que se había ido no había tenido ganas de hacer nada, y eso que ya habían pasado dos años. Bajé las escaleras y allí estaban mis padres, discutiendo otra vez, para variar. Pasé olímpicamente de ellos y me preparé mi desayuno. Me tomé mi vaso de cola Cao tranquilamente en el salón mientras veía la tele. Nada interesante. El día no podía haber empezado mejor. Ya que no tengo nada que hacer, voy a presentarme. Mi nombre es Carolina Senderson y tengo 16 años recién cumplidos. Soy americana, de Boston en concreto, y me mudé aquí, a Doncaster por culpa de mis padres cuando iba a empezar la primaria. Mi pelo es castaño y cae por mi espalda formando unas perfectas ondas hasta mi cintura. Tengo los ojos de un simple y corriente color marrón, es la parte de mi cuerpo que más odio, son demasiado corrientes. No soy ni alta ni baja, digamos que de estatura media, y soy una chica delgada, quizás demasiado. No soy la típica persona con la que puedes tener una conversación de horas pero sí puedes desahogarte conmigo, lo que mejor sé hacer es escuchar. Solo tengo dos amigos: mi mejor amiga, que la tengo para todo, y mi mejor amigo, que hace dos años que se ha ido y aún no ha vuelto.
- Carolina, ¿estás bien? – era la voz de mi padre.
- Que más te da, vete a discutir con mamá que es lo mejor que sabes hacer. – le eché en cara. Odiaba cuando se ponían a discutir y hace unos meses era lo único que hacían.
- Sabes que tu madre y yo no estamos pasando por nuestro mejor momento.
- ¡¿Y tenéis que pagarlo conmigo?! ¡¿Arruinándome la vida con vuestras estúpidas discusiones?! – me levanté de un saltó del sofá y le grité, de verdad lo estaba pasando fatal.
- Cielo…
- Me voy. – abrí la puerta y me fui. Nadie me siguió ni esperaba que lo hicieran.

Anduve por las desiertas calles del pueblo en busca de consuelo. En este instante le necesitaba más que a nada en el mundo pero habíamos perdido prácticamente el contacto. Desde que se fue intenté distraerme haciendo otras cosas como apuntarme al equipo de voleibol, a clases de fotografía y todo eso. No le podía olvidar, ni a él ni a lo que sentía. Sí, llevaba enamorada de él demasiado tiempo y se me hacía insoportable estar sin él. Lo veía en la televisión, lo oía en la radio, soñaba con él. Ya era una obsesión. Llegué al parque donde solíamos estar los tres tirados en la hierba bajo nuestro árbol, un viejo olmo. Me senté bajo sus ramas y me quedé allí pensando. Podría pasarme horas o, incluso, días en esta posición sin moverme. Mirando al horizonte junto con mis pensamientos. De repente una voz conocidísima para mí me llamó.
- Carol, llevo llamándote cinco minutos seguidos. – dijo la chica que tenía delante.
- Lo siento, Jade. – me disculpé y seguí mirando el horizonte. – Estaba pensando, nada más.
- Deja de torturarte, no te mereces todo esto. – me intentó consolar mientras acariciaba a su pequeño perrito, Tommo.
- No puedo dejar de pensar en él y en su promesa.
- Carol, ha cumplido su sueño y sabes que está muy ocupado.
- Jade, me lo prometió.
- Hará lo que pueda por volver o, sino, ya haremos lo que podamos para ir a verle.
- Las promesas están para cumplirlas. – dije aún mirando el horizonte. Sentí un brazo sobre mi hombro y era mi amiga que me estaba abrazando. Ella sabía que no lo estaba pasando nada bien.
- Vamos, te invito a mi casa a comer.
- Sabes que no me gusta estar en deuda con nadie. – dije ignorando su comentario.
- No molestas, para mi madre eres como una hija más. – me ayudó a levantar. – Además, si no vienes te obligaré.

Fuimos andando hasta su casa, que no estaba lejos de la mía. Jade era la mejor amiga que podía encontrar, era única para mí. Siempre tenía una sonrisa en el rostro y era mi único apoyo en estos momentos. Ella lo sabía todo de mí y yo de ella, nos lo contábamos todo. Días después de que se fuera, le conté todo lo que sentía por él, le conté que me había enamorado por primera vez. Era un año mayor que yo, era como mi hermana mayor, siempre cuidando de mí. Era alta, delgada y con el pelo largo castaño. Llegamos a su casa después de andar unos diez minutos. Pasamos y ella le quitó la correa a Tommo, este corrió dentro de la casa. Fuimos al salón donde estaba Wendy, hermana de Jade, viendo la tele. Ella nos saludó con un beso en la mejilla a cada una y continuó a lo suyo. La verdad, la familia de Jade era como la mía. Desde hace unos meses pasaba más tiempo en esta casa que en la mía, ellos me trataban como a una más. Vimos la tele con Wendy hasta que oímos la puerta de la entrada abrirse.
- Ya he llegado. – oí la voz de Norma, la madre de Jade.
- Estamos en el salón, mamá. – dijo mi amiga en voz alta para que la oyera.
- Hola chicas. – nos dio un beso a cada una, incluida a mí.
- ¿Qué tal, Carol? – me preguntó Marc, también hermano de Jade.
- Podría estar mejor. – contesté mirando el suelo.
- Ya verás que todo irá mejor. – me abrazó por detrás.
- No lo sé.
- Voy a preparar la comida. – anunció Norma. – Carolina, te quedas a comer.
- Tranquila, ya me había obligado Jade.

Estuvimos en el sofá viendo la televisión hasta que mamá, ya era como mi verdadera madre, nos llamó a comer. Fuimos y nos sentamos en el orden de siempre, eso significaba que ya había comido más veces allí. Ellos sí eran una familia de verdad, faltaba el padre de Jade pero seguían siendo una familia feliz. Comimos entre risas, intentaban animarme, y conseguí reírme. Ayudé a recoger la mesa una vez que habíamos terminado y entre Jade, Marc y yo fregamos y limpiamos todo. Me sentía mal por comer muchas veces con ellos, me sentía en deuda y no me gustaba. Volvimos al sofá y continuamos viendo la tele. Marc tenía el mando y estaba pasando canales.
- Wendy, ¿ese no es el grupo que tanto te gusta? – preguntó Marc dejando un canal donde estaba él.
- ¡Sí! – gritó la niña.

Estaban poniendo una foto de cada miembro hasta que salió la suya. No pude aguantar más y salí de allí antes de que las lágrimas resbalaran por mis mejillas. Marc no tenía la culpa, él no sabía nada, y Wendy menos, solo tenía once años. Me senté en el escalón de la entrada y me puse a mirar a la gente pasar. Inmediatamente sentí a alguien sentarse a mi lado, Jade seguro. Me abrazó y estuvimos todo el rato calladas, no necesitábamos hablar para saber como estábamos. Pasados cuarenta y cinco minutos, decidimos ir a dar un paseo. Jade avisó a su madre de lo que íbamos a hacer y nos fuimos. Caminamos la una al lado de la otra hasta el parque donde estábamos antes. Nos sentamos bajo nuestro viejo olmo y descansamos bajo su fresca sombra. Me di la vuelta y pude ver nuestros nombres grabados en el robusto tronco. Mi nombre, el de Jade y… el suyo.
- ¿Te vas a presentar al concurso de talentos? – me preguntó Jade sacándome de mi mundo.
- No lo había pensado.
- El año pasado no te presentaste. Para nosotros es una tradición presentarse.
- ¿Para que voy a presentarme si él no está?
- A él le gustaría que te presentaras y ganaras.
- Aunque me presente nunca voy a ganar. – miré al frente. – Sabes que siempre lo hace Alice.
- Esa no tiene el talento que tienes tú. – me animó. – Vamos, preséntate.
- No lo sé.
- Va, Carol.
- Solo con una condición.
- ¿Cuál?
- Que vas a dejar de insistir.
- Esa es mi chica. – dijo y las dos reímos.

Pasamos allí la tarde y cuando empezó a anochecer cada una fue para su casa. Jade no paró de insistirme en que me quedara a dormir con ella pero yo la ignoré completamente. Entré en mi casa y no había nadie. Mejor, así no molestaban. Fui al baño para lavarme los dientes y después a mi habitación para ponerme el pijama. No lo encontraba y me tocó coger uno nuevo, seguro que mi madre lo había puesto para lavar. Abrí el armario y el único limpio que tenía era el que me regaló él hace tres años, por mi cumpleaños. Otra noche sin dormir por culpa de soñar con ese chico, genial.

Al día siguiente no hice nada. Me quedé en mi cama hasta las cuatro de la tarde y, ya a esa hora, me levanté y me vestí. Fui otra vez al parque de siempre y me senté bajo el árbol de siempre. Minutos después apareció Jade que, en cuento me vio, se sentó a mi lado. Estuvimos toda la tarde hablando y yo no podía dejar de recordar la promesa que me había hecho. “Tranquila, pequeña. Lo más probable es que no me cojan. Pero si lo hacen, volveré a por ti. Te lo prometo”. Esas palabras se repetían constantemente en mi cabeza y yo me aferraba a la mínima posibilidad de que lo cumpliera y volviera. Lo prometió, me lo prometió.

Lunes, lo que significaba volver al infierno que tenía por instituto. Me duché y vestí para bajar a desayunar, se me hacía tarde otra vez. Bajé las escaleras corriendo y entré en la cocina para coger lo primero que pillara para desayunar. Ignoré a mis padres como solía hacer siempre y salí corriendo hacia el instituto, no sin antes pasar por su desierta casa. Nadie había vuelto a entrar en esa casa desde que se fue, incluida su familia que se fue con él. Entré en clase y me senté detrás del todo, como empecé a hacer hace dos años. Sonó el timbre y empezó una aburrida clase de historia, seguida de una de matemáticas y, para rematar este “interesantísimo” día, una escalofriante clase de biología. A la hora del patio fui con Jade a la cafetería para almorzar juntas. Al poco rato, llegó Marc que se nos unió. Los tres estábamos hablando hasta que volvió a sonar el timbre. Me tocaba clase de música así que me dirigí al auditorio, lugar donde se impartían las clases de dicha asignatura. Ya había llegado todo el mundo y yo era la última, como siempre. La profesora nos pasó un pequeño formulario a la gente que queríamos apuntarnos al concurso de talentos. Cogí uno y me dispuse a rellenarlo.
- ¿Así que vas a volver a intentarlo? Pensé que te habías rendido. – dijo una chillona voz delante de mí. Allí estaba la irritante Alice.
- Déjame en paz. – dije de mala gana. – ¿No tienes a algún tío al que meterle la lengua hasta la tráquea?
- Piérdete mocosa.

Terminé de rellenar mi formulario y se lo entregué a mi profesora. Cuando se lo di, esta me miró y me asintió con la cabeza a la vez que me sonreía. Prepárate Alice, porque este año voy a aplastarte como el bicho que eres, vuelvo a la competición. Las tres del mediodía, por fin libre. Acompañada de Jade y Marc fuimos a su casa. Una vez allí, después de que insistieran, entramos dispuestos a devorar cualquier cosa comestible. Cuando entramos pude oler el exquisito aroma de, lo que parecía, una pizza. Pusimos la mesa y nos sentamos a comer.
- ¿Mamá, estás bien? – preguntó Jade risueña.
- Sí, ¿por?
- Porque nunca haces pizza entre semana. – le dijo Marc soltando una risita.
- Hoy es un día especial.
- ¿Por qué? – me interesé por la conversación.
- Has vuelto a competir en el concurso de talentos.
- ¿En serio? – preguntó Marc sorprendido.
- Sí, dale las gracias a tu hermana.

Continuamos la comida tranquilamente, como había empezado. Después de recoger, Jade y yo nos sentamos en el escalón a ver la gente pasar. Estábamos hablando de nuestras cosas cuando un grupo de chicas pasó gritando. Nos las quedamos mirando hasta que desaparecieron, después nos miramos las dos y nos echamos a reír. La gente cada día estaba peor. Continuamos sentadas hasta que Jade se levantó para ir al baño. La esperé sentada recordando viejos tiempos, cuando él estaba a mi lado. ¿Por qué el destino tenía que ser tan cruel? Separarme de la persona a la que amaba me estaba matando por dentro y por fuera. No tendrían que haberle cogido en ese patético concurso. Pero que digo, eso sería muy egoísta por mi parte. ¿No dicen que si quieres a alguien tienes que dejarlo libre, y si eres correspondido volverá? Ahí tenía la respuesta, no era correspondida. Él podía conseguir mujeres mejores, claramente no iba a fijarse en mí. ¿Qué soy yo para él? Como su hermana pequeña y, ¿quién sale con sus hermanos? Nadie.
- Ya te lo he dicho, no te tortures más. – me sorprendió la voz de Jade.
- Aunque quiera no puedo dejar de hacerlo.
- Tienes que intentarlo.
- Pero me lo prometió y las promesas están para cumplirlas.


sábado, 4 de mayo de 2013

Irresistible

Sinopsis

Dicen que si quieres a alguien tienes que dejarlo ir pero... ¿Qué hay de ti? Nadie piensa en lo que eso puede afectarte.
Todo empieza cuando una joven chica lo tiene todo, un hogar, unos amigos perfectos, unos padres que se quieren, unas notas inigualables, un físico envidiable, un lugar donde poder vivir su perfecta vida, todo lo que una chica pueda desear. Hasta que un día, todo se desmorona. Su mejor amigo se va de la ciudad para intentar alcanzar sus más deseados sueños, ya no puede llamar hogar a su casa, sus notas se vuelven pésimas y sus padres no paran de discutir día y noche. Por suerte, aún le queda su mejor amiga. ¿De verdad podrá soportar una vida como la que tiene ahora? ¿Será valiente e intentará afrontar todos esos obstáculos o se esconderá como una cobarde?