lunes, 23 de junio de 2014

Capitulo 39 – Es por una buena causa.

Al final, mi cerebro llegó a la conclusión de que estaba tan borracha que me imaginé todo lo ocurrido en la fiesta. Bueno, todo menos lo que pasó en casa de Will. Cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar que mis mejillas se vuelvan rojas. Yo nunca haría algo así pero, no puedo ocultar que fue muy divertido. Lexy y Sean no acabaron como nosotros, ellos solo podían estar en el rango de amigos. Entre Marc y Spencer tampoco ocurrió nada, solo se liaron un par de veces más y ya está. Los únicos que pasamos al siguiente nivel fuimos Will y yo, y eso que aún no sabía ni que había entre nosotros.
- Buenos días, Caperucita Roja. – me saludó Sean y las chicas me dieron un beso en cada mejilla.
- Hola, Carol. – Will me miró con una preciosa sonrisa en la cara.
- Ho… hola, Will. – empecé a tartamudear.
- ¿Qué te pasa, Carol? ¿Por la noche eres una sexy y ardiente gatita y ahora no sabes decir dos palabras seguidas? – se burló.
- Capullo. – le pegué un pequeño puñetazo en el hombro.
- Esperad un minuto vosotros dos. – nos cortó Spencer. - ¿Qué pasó anoche que no sabemos?
- Nada interesante. – dije después de dedicarle una sonrisa de complicidad a Will.
- Si con nada interesante te refieres a que después de la fiesta nos acostamos, entonces tienes razón. No ha pasado absolutamente nada nuevo. – me dio un beso en la mejilla y me cogió la mano para irnos.
- ¡NO OS MOVÁIS DE AQUÍ! – nos gritó Lexy. - ¡¿OS HABÉIS ACOSTADO Y NO NOS LO HABÉIS DICHO?!
- ¡Pero no grites, idiota! – le pegó una colleja Spencer.
- Eh, que yo quiero enterarme. – nos siguió Sean.

Esto era muy raro. Estar en esta situación con mi mejor amigo no era muy normal. Ayer éramos los mejores amigos que podías encontrar y ahora, no sé ni lo que somos. Entramos a clase cogidos de la mano y todos se nos quedaron mirando. Vale, la gente antes pensaba que éramos novios y ahora pueden confirmarlo. Bueno, al menos tienen motivos para pensar que sí. Nos sentamos juntos y esperamos a que llegara el profesor y diera su aburrida clase de matemáticas. No aguantaba esas charlas que nos daba ese hombre así que mi mejor opción fue coger mi lima para poder arreglarme las uñas.
- Muy bien, Nicolle. ¿Habéis entendido todos como se resuelve esta derivada? – ¡me aburro! Tocaron la puerta. – Adelante.
- Perdone, señor Richardson. – entró alguien con a clase. Levanté la cabeza y casi me caigo de la silla.
- Oh, bienvenida de nuevo, señorita Thirlwall. – el profesor Richardson se alegraba de que una de sus mejores alumnas hubiera vuelto.
- Perdone por interrumpir pero me gustaría hablar con Carolina un momento. – pidió educadamente. Ella era una de sus alumnas favoritas, no iba a negarle eso.
- Claro. – se giró hacia mí y me miró. Su voz cambió totalmente en cuanto se dirigió a mí. – Señorita Senderson, salga de clase.
- Sí, señor Richardson. – antes de levantarme, besé a Will en los labios para que Jade viera que ya los había olvidado. - ¿Qué quieres?
- Tengo que hablar contigo. – me miró con ojos suplicantes.
- Pues date prisa, tengo que volver a clase. Algunos tenemos que seguir estudiando. – dije lo más borde que pude. No quería volver a sentirme como hace unos meses.
- Carol…
- No me llames Carol, solo lo hacen mis amigos. – estaba siendo un poco dura pero era estrictamente necesario.
- De acuerdo, Carolina. – dijo pacientemente remarcando mi nombre. – Harry no está bien desde que estuvimos en Texas…
- Me da igual como esté Harry, ya no forma parte de mi vida. ¡¿Acaso no lo entendéis?! – no me iba a afectar hablar de él. – Tengo novio y estoy muy feliz con él. Gracias por venir y adiós. – me di la vuelta para entrar en el aula.
- Carolina, no lo entiendes. – me cogió del brazo e hizo que me girara. - ¡Aún te quiere!
- ¡Me da igual! ¡Harry ya no me importa! – justo en ese momento sonó el timbre.
- ¡Carol! – se me acercaron Lexy y Spencer rápidamente. Miraron a Jade de arriba a abajo. - ¿Estás bien?
- Sí, chicas.
- Carolina, piensa en lo que te he dicho. – insistió Jade.
- Mira, no sé quien eres pero más te vale que dejes a Carolina en paz. – Spencer se encaró a mi ex mejor amiga.
- Sí eres una de esas personas que le hizo daño hace unos meses, ya te puedes estar largando. – Lexy se puso al lado de Spencer.
- De acuerdo. – se apartó de mis dos amigas. – Yo solo he venido a avisarte pero veo que nos has sustituido muy rápido. – no me dejó replicar porque se marchó en cuanto terminó de hablar.
- ¿De que iba eso? – me miró Lexy. - ¿Quién se cree que es para venir aquí y soltarte un sermón?
- Déjalo, Lex. – justo en ese momento salieron los chicos.
- ¿Qué pasa aquí? – preguntó Sean tan disimulado como siempre.
- Nada y vamos a comer que tengo hambre. – cogí la mano de Will y me dirigí a la cafetería.
- No me vas a contar que pasa ¿verdad? – dijo una vez que estuvimos sentados en nuestra mesa.
- No quiero preocuparte.
- Carol, si te pasa algo es normal que me preocupe. No quiero que le pase nada a mi novia. – un momento ¿había dicho novia?
- ¿Qué has dicho? – salió una sonrisa de mi boca.
- Que es normal que me preocupe por ti. – volvió a repetir.
- Eso no, lo otro.
- Ah. – ahora el que sonrió fue él. - ¿Hay algo malo en eso?
- Depende de a lo que te refieras con malo. – me senté a su lado muy pegada a él. – Me gusta como suena. Repítelo.
- No quiero que le pase nada a mi novia. – susurró en mi oído. Me miró a los ojos y noté el brillo que tenía en ellos. Necesitaba besarlo y nada me lo estaba impidiendo. Will acabó con la poca distancia que había entre nosotros con un tierno beso.
- ¡Eh, iros a un hotel! – el corta-rollos de Sean entró en escena.
- Idiota. – Will le dio un puñetazo en el hombro.

De esta manera, empezó una pequeña pelea entre nuestros dos amigos. Comimos entre risas como todos los días. Ninguno sacó el tema de la inesperada visita de Jade ni me hicieron ningún tipo de pregunta y se los agradecía mucho. Algunas personas que no conocíamos se acercaban para felicitarnos a Will y a mí por nuestro nuevo noviazgo. ¿Cómo se entera la gente tan rápido? Os estabais dándole lote en mitad de la cafetería en la hora del almuerzo. ¿Tú que crees? Recuérdame que te ignore de vez en cuando. Bueno, allí estábamos los cinco comiéndonos el almuerzo tranquilamente hasta que tuve una pequeña urgencia.
- Voy al baño, tengo que aprovechar que está todo el mundo almorzando. – le di un beso en la mejilla a Will y me fui al servicio. Entré y me metí en uno de los aseos. Al terminar, me lavé las manos y me arreglé el pelo frente al espejo. Caminé hasta la puerta para salir de allí pero algo me lo impidió.
- No creo que te haya dicho eso. – esa voz era de un chico.
- Sé lo que oí y esas fueron exactamente sus palabras. – ahora hablaba una chica.
- No te creo, es imposible. Lo habrás interpretado mal.
- Fue lo que me dijo, tienes que creerme. – estaba mal espiar a la gente pero era eso o salía y que me descubrieran. Es igual, soy Carolina Senderson, la chica más popular del instituto, hago lo que quiero y cuando quiero. Salí del baño y creo que se me paró el corazón. No me habían visto pero no tardarían en hacerlo.
- Carolina, lárgate. – me dije a mí misma en voz muy baja. Empecé a caminar hacia el lado contrario pero pude notar sus miradas sobre mí. – Sigue caminando, no mires atrás.
- ¡Eh, Carol! – mierda, ¿tenías que aparecer en este preciso momento? Le hice señas a Will de que se callara pero no me entendió.
- ¿Carolina? – estaba detrás de mí, mierda. - ¿Carolina, eres tú?
- Hola. – dije torpemente. ¿Qué le dices a tu ex cuando lo ves después de dejarle sin motivo alguno hace un par de meses?
- ¿Podemos hablar?
- Pues…
- ¿Quién eres tú? – Will dio un paso hacia delante. Era un poco más alto que Harry y este tuvo que quitar la mirada de mí.
- Esa pregunta debería hacerla yo.
- Soy su novio, un placer. – dijo con arrogancia. Pude ver el dolor de Harry en sus preciosos ojos verdes pero rápidamente se llenaron de orgullo e ira.
- Will, vámonos. – tiré de su brazo para que me prestara atención.
- ¿De verdad no sabes quien soy? – salió el ego, que yo había logrado que desapareciera, de Harry a la luz. - ¿Acaso tú vives en una cueva? – dio un paso adelante y me miró un segundo para después volver a mirar a Will. – Necesito hablar con ella, así que ya puedes largarte.
- No pienso irme…
- Will, por favor, para. – le pedí dulcemente.
- Necesito hab… - empezó Harry.
- ¡¡¡WILL, VÁMONOS!!! – no podía aguantar esto más tiempo.

No quería que estuviera en el mismo edificio que yo, ni siquiera en la misma ciudad. No era por él, era por mí. Me recordaba a la estupidez que cometí por falta de autoestima. No quiero aguantar esto por más tiempo pero ¿por qué tenía que venir a estropear mi felicidad? ¿Quién se cree que es? No es justo, ni para él ni para mí. ¿Por qué ha vuelto? Que se quede en Londres, además ¿él no estaba de gira?

Me senté bajo un árbol alejado de todo el mundo. No quería que me vieran llorar, no podía dejar que me vieran así. Era la chica más popular, cualquiera podría usar todo esto para hacerme daño. Todas las emociones explotaron en mi interior y salieron en forma de miles de lágrimas. No quería más esto. Es demasiado para mí. Le necesito a mi lado, que me abrace y me diga que me quiere, que esté a mi lado en todo momento y que me besé de esa forma en la que me hace sentir especial, solo suya. No quiero llorar más. Quiero poder reírme sin parar, perder el control, gritarle al mundo que lo amo y vivir sin ninguna preocupación.

Well, it’s good to hear your voice. I hope you’re doing fine. And if you ever wonder, I’m lonely here tonight. I’m lost here in this moment and time keeps slipping by. And if I could have just one wish, I’d have you by my side. Oh, oh I miss you! Oh, oh I need you! And I love you more than I did before and if today I don’t see your face. Nothing’s changed, no one could take your place. It gets harder everyday. Say you love me more than you did before and I’m sorry it’s this way but I’m coming home, I’ll be coming home. And if you ask me, I will stay… “Bip, Bip.” Maldito móvil. ¿Era necesario que me interrumpieran en mi momento de melancolía? ¿Quién es el idiota que lo ha hecho? Como no, tenían que ser mis amigas. Tenía un mensaje de Spencer. “¿Por qué no has venido a clase? Nos ha tocado ayudar a recaudar fondos para el instituto, llámame.” ¿La llamaba ahora o más tarde? Ahora no hay ganas. Bajé las escaleras aún pensando en la canción que estaba cantando. ¿Miley Cyrus habrá vivido una situación como la mía? Bueno, pura coincidencia. Salí de mi casa para dar un paseo y así poder despejarme un poco de lo ocurrido. Bien, repasemos. Ha venido Jade para decirme que Harry aún me quiere, he ido al baile con Will, me ha parecido ver a Louis y Harry en el baile, me he acostado con Will, he visto a Harry y a Jade hablar en los pasillos del instituto, soy la novia de Will. Demasiadas cosas. Inconscientemente, llegué a ese árbol del que no me separé en años. Carol, Jade y Louis. BFF. Cogí el móvil para llamar a Spencer antes de que me olvidara.
- ¿Spence?
- Estaba esperando tu llamada. – dijo con voz normal.
- ¿Qué tenemos que hacer para recaudar fondos? – fui directa al grano, no me apetecía hablar.
- Bueno, nuestra clase ha hecho dos grupos y los chicos van a hacer un partido benéfico, ya sabes que casi todos son del equipo de fútbol. – seguramente querría preguntar por mi pésimo estado de ánimo pero lo más probable es que lo hiciera cuando estuviéramos cara a cara.
- ¿Y nosotras que haremos?
- Pues hemos pensado Lexy y yo que podríamos lavar coches.
- Vamos, en plan peli porno. – la idea no me hacía mucha gracia.
- Hombre, en ese plan no pero sabes que sacaríamos bastante dinero. – en eso tenía razón.
- ¿Cuándo es? – tenía que hacerlo, al fin y al cabo era algo que nos obligaba el director. No a lavar coches, si no ha colaborar.
- Mañana a mediodía. – me dijo Spencer. – Ponte guapa.
- No lo dudes. – dije con un poco de amargura y colgué. – Madre mía.
- Pareces cansada. – dijo una voz detrás de mí.
- Será porque lo estoy. – no me giré para mirarlo. - ¿Qué haces aquí?
- Llevo viniendo aquí desde que llegué a la ciudad, hace unos… 3 días. Suponía que algún día vendrías aquí, aunque has tardado. – se sentó a mi lado.
- ¿Por qué habéis vuelto?
- Teníamos unos asuntos pendientes. – dijo con misterio, como solo él sabía hacerlo.
- ¿El resto también está aquí?
- Sí, pero aún no te han visto lo que es raro porque somos tus vecinos.
- No soy de las que se dejan ver.
- Me lo figuraba. – rió. – Y cuéntame, ¿cómo puedes ser la chica más popular si el año pasado eras solo una más?
- Vosotros no me habéis ayudado, tenlo más que claro. Digamos que, me junto con la gente adecuada.
- Sabes que pase lo que pase y por más que no nos hables, siempre esteremos a tu lado para ayudarte en lo que sea ¿no?
- No me lo merezco.
- Oye, el problema lo tienes con Harry aunque no sé cual es. Si quieres puedo intentar entenderlo, solo si quieres.
- Es… complicado. – fue lo único que dije.
- Creo que soy lo suficientemente listo. – me sacó una pequeña sonrisa.
- Bueno, desde que comimos con Taylor Swift mi cabeza no ha parado de darle vueltas a que Harry se merece a una chica como ella. Taylor es guapa, lista, simpática, tiene buen corazón y miles de cosas que yo nunca seré.
- Tú no sabes lo que le hizo Taylor a Harry ¿verdad? – no entendía lo que me estaba diciendo. – Créeme, ella no tiene buen corazón. Sigue contando.
- De acuerdo, pues yo creía que se merecía a alguien como ella. Alguien que tenga sus mismas pasiones y que pudiera darle lo que él necesita. Alguien que no tenga que ahorrar tres años para comprarle un regalo a su altura y aún así necesite más dinero.
- Sabes que a Harry le dan igual los regalos ¿no? – me volvió a interrumpir. – Que estés a su lado es el mejor regalo que le puedes hacer.
- Supongo. – él asintió. – Bueno, pues mi baja autoestima me llevó a pensar que lo mejor era dejarle para que pudiera encontrar a alguien mejor que yo y así pudiera ser feliz.
- A costa de tu felicidad, ¿me equivoco? – negué con la cabeza lentamente. – Carol, estas cosas pasan y más cuando todo el planeta esta pendiente de todos tu movimientos para verte fracasar. Créeme, lo sé por propia experiencia. – pasó un brazo por mis hombros. - ¿Tú eres feliz con Will?
- ¿Cómo sabes…?
- Contesta.
- Sí, supongo que sí.
- ¿Supones? ¿Y con Harry eras feliz?
- Sí.
- Ahí tienes la respuesta. – se levantó del suelo. – Espero que algún día me enseñes Boston como me prometiste.
- Gracias, Zayn. – cada uno se fue por caminos opuestos.

Un nuevo día llegó y por esa misma razón tuve que levantarme de la cama a las siete para ir al instituto. ¡Un momento! Hoy no había clase, bueno sí pero tenía que ir a eso del mediodía. Me volví a tumbar en la cama aunque sabía perfectamente que no me podría volver a dormir. Me metí en la ducha para relajarme un poco y así elegir la ropa que me pondría más tranquila. Salí con la toalla envuelta al cuerpo y, después de unos minutos, opté por unos shorts negros de encaje y una camiseta ancha del equipo de fútbol del instituto que antes había pertenecido a Louis. Cogí mis converse y me recogí el pelo en una coleta alta para después poder maquillarme un poco. Ya estaba lista cinco horas antes de la hora acordada. Cogí mi guitarra y me dispuse a tocar alguna canción aunque mi cabeza no estaba para canciones. Un sonido me distrajo. Mi móvil.
- ¿Quién puede ser a esta hora de la mañana? – cogí el móvil de encima del escritorio y abrí el mensaje. – ¿No voy a rendirme tan fácilmente? ¿De quién es esto? – miré el número que me lo enviaba. Ese número lo recordaba perfectamente. – Mierda.

A las doce, salí de casa para poder llegar a tiempo al instituto. Al final, el director había aprobado nuestra propuesta de lavar coches y lo haríamos en el aparcamiento del instituto. Llegué tarde, algo normal en mí, y allí estaban todas llenando cubos de agua y cogiendo esponjas y jabón. Lexy y Spencer fruncieron el ceño al verme llegar.
- ¿Qué te hemos dicho? Tenías que ponerte guapa. – me recriminó Spencer.
- ¿Acaso no lo estoy? – puse las manos en mis caderas y sonreí.
- No y como sabía que ibas a vestirte como una monja, te he traído ropa. – Lexy cogió mi mano y me obligó a cambiarme en el baño.
- ¡Esto sí que no! – no me iba a vestir con esta ropa. – Lexy, me gustaba más la mía.
- Pues te aguantas. Necesitamos recaudar dinero, no ir a un convento. – me lo dijo y se fue con las demás.

Me había prestado un pantalón negro muy corto y una camiseta a la que le faltaba tela o eran imaginaciones mías. Me llegaba hasta un poco más abajo del pecho. Bueno, me tocaba aguantarme. Me reuní con mis amigas y, por lo menos yo, esperé a que me dijeran que hacer. Habían hecho carteles preciosos donde ponía lo del lavado de coches para recaudar fondos y todas esas cosas. Yo sigo pensando que esto va a parecer una peli porno por más que todas estén preciosas. Empezaron a llegar coches y yo me iba escaqueando de lavarlos. No pensaba dejar que un cerdo me mirara mientras lavo algo que no es mío.
- Hola, ¿podéis lavar mi coche? – había un chico hablando con Lexy pero no podía verle ya que estaba de espaldas.
- Claro, voy a ver quien está libre. – me di la vuelta rápidamente para que no supieran que les estaba mirando y me tocara a mí limpiar el coche. - ¡Carol! ¡Carol! Te estaba llamando.
- Y yo te estaba evitando. Lex, no quiero hacer esto.
- Es por una buena causa además, hay un tío monísimo esperando a que le laves el coche. Tienes mucha suerte. – me dio un cubo y me empujó hacía un precioso buggatti negro.
- Madre mía. – pasé mis dedos por la preciosa carrocería. El coche no estaba sucio, no tenía ni una pequeña mota de polvo. ¿Por qué su dueño querría que lo lavaran?
- ¿Te gusta? – mierda. – Es nuevo.
- Me lo imaginaba. – no me giré. – Puedes comprarte cinco coches más como este y aún así te sobrará el dinero.
- Supongo que estaré pasando la crisis de los 40 a los 19 años. – sentí su voz más cerca. - ¿Y por qué quieres que lo limpie si está nuevo?
- Necesitaba hablar contigo y sabes perfectamente que no me perdería esto por nada en el mundo. – me giré y allí estaba con esa sonrisa traviesa que me volvía loca. Recuerda que ahora estás con Will. – Supongo que tú novio no estará por aquí lavando coches.
- Está jugando un partido benéfico. – dije con orgullo. – Es el capitán del equipo de fútbol.
- Me alegro por él. Supongo que tendrá a todas las chicas del instituto loquitas por él. Que pena que no pueda conquistar a todo un planeta. – dijo con arrogancia. ¡Capullo!
- Eres un idiota. – cogí una manguera y mojé el coche. Intentaba que no me salpicara mucho pero era difícil con mis manos temblorosas por culpa de su mirada pendiente de mí todo el rato.
- Antes te gustaba llamarme idiota, veo que no has perdido tus viejas costumbres. – volvió a sonreír. Cogí una esponja y le eché jabón para después pasarlo por el coche. – Pensaba que eras una niña buena. Las niñas buenas no lavan coches casi desnudas. Conmigo no sacabas ese lado sensual. – tenía una sonrisa de superioridad en la cara y no paraba de mirarme el culo descaradamente. -  Sabes como estarías aún más guapa, sin esa ropa. ¿No te molesta? – le ignoré por completo. ¿Qué esperaba conseguir con eso? No le sigas el rollo. – Vamos, Carol, sabes que un ex nunca viene solo para hablar. – miré de reojo y lo vi apoyado en un árbol a dos metros de mí. Cogí aire y rogué pidiendo paciencia. – Carol, ya sabes como me gusta. Además, con esa ropa estás muy sexy. – no le aguantaba más. Tranquila, relájate. No voy a tranquilizarme. Cogí el cubo lleno de agua y jabón y se lo tiré encima. – Así que quieres jugar ¿eh? – no estaba enfadado. ¿Por qué no estaba enfadado? ¡Enfádate! Cogió la manguera y me apuntó con ella.
- No te atreverás. – le lancé una mirada asesina.
- Cariño, sabes perfectamente que soy capaz de esto y más. – abrió la llave de la manguera y el agua me empapó entera.
- ¡Idiota! – enseguida cogí la esponja y se la lancé. No pudo esquivarla y le dio en el pelo.
- Ahora me las vas a pagar. – no lo pensé dos veces y salí corriendo.

Harry me seguía muy de cerca. Una sonrisa salió inconscientemente de mi cara y no la oculté. Me estaba divirtiendo bastante. No era el hecho de estar huyendo de Harry, si no que necesitaba olvidarme de todo. Gracias a Spencer y a Lexy al haberme involucrado en esto de la recaudación de fondos, había conseguido olvidarme de mis problemas con la ayuda del mismísimo problema.
- Te pillé. – me cogió de la cintura y caímos al suelo. Harry estaba encima de mí pero sin dejar que su peso me aplastara. Estar con la ropa mojada no ayudaba mucho, eso no conseguía que se me quitara el calor que sentía. – Te dije que mojada estarías más guapa.
- Tus palabras fueron: “Sabes como estarías más guapa, sin ropa.” – dije imitando su voz.
- Eso podemos arreglarlo. – se acercó más a mí. Madre mía, ¿por qué no puedo controlarme? Sus labios rozaron los míos dejándome con ganas de más mientras sus manos exploraban mi cuerpo suavemente. – Cariño, no voy a besarte. – se separó de mí con una sonrisa. – A no ser que me lo pidas, acepto todo tipo de súplicas.
- ¡Carolina, tienes que lavar coches, no ligarte a los clientes! – me gritó Spencer. En seguida me desperté de mí trance y lo empuje para poder levantarme.
- Bueno, gracias por el servicio. – me guiñó un ojo.
- No voy a dejar que te vayas sin pagar. – extendí la mano.
- Bueno, es por una buena causa ¿no? Además, podría acostumbrarme a este tipo de servicios – me guiñó un ojo a la vez que sacaba un fajo de billetes de su bolsillo. Lo conté y allí había cinco de los grandes. Se dio la vuelta y abrió el coche.
- Harry. – no digas nada, date la vuelta y vete. El chico se apoyó en la puerta como si fuera un modelo de una revista de coches y me miró. – Gracias.


domingo, 11 de mayo de 2014

Capitulo 38 – Esto es más fácil de lo que pensaba.

Vale, iba a pasar las fiestas de Navidad con mis cuatro mejores amigos. Sí, sé que falta una eternidad para eso pero ¿no es genial? Mejor dejo de decir tonterías. Mejor. Cierra la boca. Bien, como iba diciendo antes de que me interrumpieran, íbamos a pasar nuestras primeras Navidades juntos. ¿No es increíble? Teníamos que planear alguna fiesta de fin de año o algo por el estilo. Iba casi corriendo por la acera para llegar al instituto con tiempo y cuando digo con tiempo es tarde. No miraba por donde iba porque quería llegar cuanto antes y por eso me pasa lo que me tiene que pasar, que me choco con la gente.
- Lo siento. – ayudé a que se levantara del suelo a quien sea que haya tirado.
- ¿Carolina?
- ¿Eh? – miré hacia atrás y vi a la pequeña niña morena que era la hermana de antes mi mejor amiga. - ¿Wendy?
- Me alegro de verte. – me sonrió con ternura. - ¿Dónde está Jade? Si tú estás aquí significa que ya habéis vuelto.
- Wendy, Jade está por alguna parte con Louis de gira. – intenté explicarle a la niña, ya no me afectaba hablar de estas cosas pero era difícil explicárselo.
- ¿Y por qué estás aquí? – los niños y sus por qué. Tenía prisa, joder.
- Hubieron unos problemas y tuve que volver. – fue lo único que dije. – Ahora, Wendy, tengo que irme. Llego tarde.
- Adiós, Carol. – se despidió de mí con su pequeña mano.

Seguí corriendo esta vez más rápido y llegué a donde estaban mis amigos, con problemas. Había frenado un poco tarde y acabé encima de Spencer, literalmente. No se enfadó conmigo porque sabía lo torpe que era pero me gané una colleja por su parte. Entramos a clase y el profesor se sorprendió al vernos llegar puntuales. Ni que llegáramos tarde siempre… Estuvimos allí metidos dos o tres horas, no sé muy bien, hasta que salimos al patio. Nos sentamos en la misma mesa de siempre en la cafetería y nos pusimos a hablar sobre la fiesta de Halloween. Yo iba a ir con Will, Lexy con Sean y Spencer con el espíritu santo. Si no se lo pedía a alguien iba a acabar yendo sola.
- Ahora vuelvo. – me levanté para llevar a cabo la brillante idea que se me había ocurrido.
- Cuidado no vayas a perderte. – se burló Will.
- Ya estarás tú para buscarme ¿no? – me burlé yo y oí las risas del resto. Me acerqué hasta la mesa de los jugadores de fútbol que al verme empezaron a mirarme descaradamente. Idiotas. – Hola, chicos.
- Hola, preciosa. – dijo alguien que no conocía.
- Marc. – le llamé y me miró. Hacía tiempo que no hablaba con él. – Puedo hablar contigo.
- Claro. – nos fuimos a un lugar apartado después de que los demás idiotas dijeran miles de estupideces sobre nosotros. - ¿Qué pasa, Carol?
- Pues, bueno me estaba preguntando una cosa. – puse mi mejor sonrisa. Miré hacia mi mesa y otra vez hacia Marc. – Conoces a mi amiga Spencer ¿no?
- ¿Spencer? – miró a nuestra mesa. – Claro, todo el mundo os conoce ¿por?
- Bueno, pensaba que podrías invitarla a la fiesta. Ya sabes, tú le gustas y, pues eso. – sonrisa angelical al final de la proposición. Perfecto.
- No creo que vaya. Ya sabes que hace tiempo rompí con mi novia y aún no lo he superado. – agachó la cabeza.
- Eh, no te desanimes. Además, ¿no dicen que un clavo saca otro clavo?
- Sí, pero ¿por qué tienes tantas ganas de que vaya con ella?
- Hacéis buena pareja. – le di un beso en la mejilla y me fui. – Por cierto, diles a tus amiguitos que se limpien la baba de la boca. – oí la risa de Marc de fondo.
- ¿A dónde has ido? – me preguntó el cotilla de Sean.
- A por algo de comer. – me encogí de hombros.
- ¿Y no traes nada? – rió Lexy.
- ¿Qué? – es verdad, que mentira más mala. Me di la vuelta y cogí algo de la bandeja de alguien que pasaba por allí. Me miró sorprendido. – Lárgate. – se fue casi corriendo y miré lo que había cogido. Pudín de chocolate. Lo aparté de mí y Spencer lo cogió para comérselo. – Odio el chocolate.

Otro día más acababa de la misma manera que todo el resto. Cada uno en su casa esperando que sea mañana para volver a vernos. No sabía si Marc iría con Spencer a la fiesta o si la gente seguirá pensando que Will y yo somos novios porque iremos juntos. Ahora que lo pienso, ya sé porque todo el mundo cree que somos pareja. El capitán del equipo de fútbol y la típica chica popular. Da igual, esto parece una película.

Me quité la camiseta para ponerme el pijama pero antes miré mi reflejo en el espejo.  Estaba más delgada que al principio de verano pero había ganado peso desde que dejé de comer. Ahora estaba en el peso ideal según los médicos que me ayudaron a volver a la normalidad. Mi madre me había descubierto y me había obligado a ir al médico. Se lo agradezco muchísimo. Volví a mirar mi reflejo y vi luz detrás de mí. Me di la vuelta y la cortina se cerró. Alguien me estaba mirando. Me puse la camiseta del pijama y me cambié rápidamente. Algún pervertido me estaba mirando mientras me cambiaba.

31 de octubre. ¡Por fin! Ya había llegado el día de la fiesta de Halloween. Estábamos las tres en casa de Lexy para arreglarnos y ponernos nuestros disfraces. Íbamos de personajes de cuentos pero los disfraces estaban un pelín retocados. Spencer iba de Alicia en el País de las Maravillas. Las medias que llevaba estaban rotas y el vestido azul tenía manchas rojas que supuestamente eran sangre. Lexy iba vestida supuestamente de Gretel. Llevaba un vestido blanco roto y el maquillaje le daba un aire de zombie. Bueno, en realidad iba de una especie de Gretel zombie. Yo iba de Caperucita Roja. No me había esforzado mucho en el disfraz, lo había dejado exactamente igual a como lo compré. Era una Caperucita Roja igual que en el cuento.
- Aún no sé porque no lo has cambiado para que de un poco de miedo. – me dijo Lexy. – Estamos en Halloween.
- Tranquila, para dar miedo ya estás tú. – intenté picarla.
- Es que eres un zombie muy feo. – se burló Spencer.
- Vamos, los chicos ya habrán llegado. – y no nos equivocamos. Allí estaban Sean, Will y Marc esperándonos.
- Hola, ¿de qué vas disfrazada? – le preguntó Sean a Lexy.
- De ti. – le pegó una colleja al supuesto vampiro.
- Estás muy guapa. – me dijo Will.
- Gracias, señor diablo. – dije riendo.
- ¿Nos vamos? – preguntó un zombie bastante guapo.
- Claro. – contestó Spencer con una sonrisa a su acompañante.

Salimos todos de la casa de Lexy y fuimos andando hacia el instituto mientras charlábamos. Al final, Marc se había lanzado y había invitado a Spencer a la fiesta. Desde el momento en que la invitó, ella nos dio la lata todo el santo día. Esta noche iba a ser memorable. En cuanto llegamos, cada una cogió a su pareja y fuimos a la pista a bailar. Estaba todo perfectamente decorado. Me lo estaba pasando genial. Paramos después de bailar unas ocho canciones seguidas y nos sentamos en una mesa a beber lo que sea que los chicos nos habían traído.
- ¡Esta es la mejor fiesta de Halloween a la que he ido! – dijo Lexy después de dar unos sorbos a su bebida.
- Sí, y lo mejor de todo es que alguien ha conseguido colar alcohol en la fiesta. – dijo Sean.
- Tengo que hacerle un monumento. – dije bromeando.
- ¡Ese chico es mi ídolo! – chilló Spencer.
- Estáis todas mal de la cabeza. – se burló Will.
- Tranquilo, no más que tú. – le susurré al oído y se tensó al instante.
- ¿Marc? – dijo una voz que hizo que todos nos giráramos.
- Hannah, ¿qué haces aquí? – dijo el chico un poco incómodo.
- Es la fiesta del instituto, todo el mundo puede venir. – se encogió de hombros como si fuera lo más normal del mundo.
- Ah, claro. – Marc miró al chico que sujetaba a Hannah por la cintura.
- Oh, este es Michael.
- Su novio. – completó la frase el chico.
- Oye, ¿podemos hablar? – preguntó la chica.
- No, estoy ocupado.
- Marc, quiero explicarte…
- Te he dicho que estoy ocupado. – se giró hacia Spencer y la besó. La chica no puso resistencia alguna, era lo que siempre había deseado. Hannah se marchó de allí enfadada y decepcionada.
- Vale, Romeo. – rió Sean. Los dos se separaron y la chica se puso roja pero no podía borrar esa estúpida sonrisilla de enamorada.
- Vamos a bailar. – tiré de Will y fuimos a la pista de baile.

Bailábamos muy juntos, por culpa de la enorme cantidad de gente que había. Aunque eso era una buena excusa para estar pegada a él. No es que me gustara, solo que entre nosotros había una fuerte tensión sexual no resuelta. Supongo que él sentirá lo mismo. Somos amigos, podemos llevar esto a algo más. Amigos con derechos. Estuvimos, no sé cuanto tiempo, bailando. De vez en cuando, alguien se acercaba a saludarnos para aparentar que nos conocía y ser un poco más popular.
- Oye, voy al baño un momento. – le dije al oído para que pudiera escucharme por encima de la música.
- Vale, te espero aquí. – me lo dijo de la misma manera en la que yo lo había hecho. Me dio un beso en la mejilla y me fui al baño. Sentirlo tan cerca me había alborotado todas las hormonas. Entré en el baño y me metí en uno de los aseos.
- Sí, yo también quiero verla pero sabes perfectamente que ella a nosotros no. – dijo la voz de una chica. – Es obvio que habrá conocido a otro chico. – estaba hablando por el móvil o estaba loca. - No sé que quieres que haga. ¡Pues ven tú y soluciona esto! – salí del aseo y allí no había nadie. Esa voz me sonaba pero ahora no recuerdo de qué. Me arreglé un poco el maquillaje y salí en busca de Will.
- Al fin llegas. – dijo en cuanto me vio. Me estaba esperando apoyado en una pared.
- Tampoco he tardado tanto.
- Para mí ha sido una eternidad. – dijo teatralmente. Me dio uno de los dos vasos que tenía y me lo bebí. Sentía el alcohol circular por mis venas y puede que mañana no recuerde nada de lo que he hecho o dicho. – ¿Qué te apetece hacer?
- No lo sé. – me apoyé sobre él y me rodeó con sus brazos. Levanté la cabeza para mirar sus ojos verdes. Me acerqué a él e hizo lo mismo. Oíamos gritos de una chica, seguramente habría visto a alguien que no se esperaba o algo así porque no parecía que nadie se estuviera peleando. Nos encogimos de hombros y Will acabó con la poca distancia que había entre nosotros.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó alguien a otra persona.
- Me apetecía recordar como era el instituto. – nosotros no hacíamos caso a nada excepto a ese beso que se fue intensificando. Me apoyé contra la pared y él apoyó sus manos a cada lado de mi cabeza.
- Lou, ¿la has visto? – esa voz, es imposible. Me separé de Will y le vi. No podía estar él aquí, simplemente no podía.
- Oye, Will. ¿Y si vamos a tu casa? – al oír esa pregunta, sonrió. Me cogió de la mano y me llevó hasta el choche para irnos a su casa.

Íbamos en silencio hacia la casa de Will. No podía ser cierto, él no estaba aquí ¿o sí? Te lo habrás imaginado. ¿Imaginado? ¿Acaso no recuerdas todas las copas que te has bebido? Estás borracha. Es la explicación más lógica. Pues deja de darle vueltas y diviértete con Will. De acuerdo. Podía notar los efectos del alcohol. Mi conciencia tenía razón, estaba borracha. Tenía que disfrutar de mi vida y dejar de pensar en todo. Llegamos a su casa y aparcó el coche justo en frente. El coche de sus padres no estaba y la moto de su hermano tampoco. Teníamos la casa para nosotros solos. Mejor. ¿Ves lo fácil que es? Sí, esto más fácil de lo que pensaba y lo mejor de todo es que mañana no recordaré nada de lo que pase en esta casa.

Vale, no debí beber tanto. Me duele mucho la cabeza. Abrí los ojos y ya era de día, lo sabía gracias a la ventana que dejaba entrar los rayos del sol. Esta no es mi habitación. A mi no me gustaba Lil Wayne ni tenía pósters de chicas encima de motos. Definitivamente esta no era mi habitación. Había un cuerpo a mi lado que tenía una mano sujetándome por la cintura. Estaba completamente desnuda y había ropa tirada por toda la habitación. Lo más rápido que pude, cogí la camiseta de Will que estaba a los pies de la cama y me la puse junto con mi ropa interior. Había cambiado mucho pero seguía dándome vergüenza que me vieran así.
- Buenos días. – se despertó. Al oírle, me asusté y me tropecé con uno de mis zapatos lo que hizo que me cayera. – ¿Eres así de torpe todas las mañanas? No me extraña que siempre llegues tarde al instituto. – rió Will antes de ayudarme a levantar.
- ¿Y tú eres tan gracioso cuando te levantas? – ahora que lo miraba sin estar borracha, ante mí había un chico con el cuerpo de… no tengo palabras para describirlo pero tenía el mejor cuerpo que había visto en mi vida. - Podrías ponerte algo encima, ¿sabes?
- Tú lo has dicho, podría. – cogió sus calzoncillos mientras reía y se los puso. Cogió un pantalón de un cajón y se los subió por las piernas lentamente. ¿Este chico quería matarme de un paro cardíaco? Claramente lo estaba haciendo aposta. - ¿Qué pasa, Carol?
- ¿Eh? Nada. – dije lo más normal que pude. Esta me las pagas Will.
- Venga, bajemos a desayunar. – salió por la puerta seguido por mí. Parecía que no había nadie.
- ¿Dónde está el café? – dije en cuanto entramos a la cocina.
- Allí. – señaló lo alto de un estante. Genial, ahora venía mi venganza. Me puse de puntillas para intentar alcanzar el paquete de café pero no llegaba. La camiseta se me levantaba y dejaba a la vista mis bragas. - ¿Quieres que te ayude?
- No, gracias. – dije inocentemente. Volví a repetir mis intentos de coger el café hasta que sentí un cuerpo pegado al mío.
- Lástima que seas tan bajita. – me susurró al oído mientras cogía el café sin ningún esfuerzo.
- Perdona por no ser un gigante. – me di la vuelta y puse mis manos alrededor de su cuello.
- Tranquila, estás más que perdonada. – se inclinó un poco y me besó. Le devolví el beso y, probablemente si seguimos así, acabaremos repitiendo lo mismo de anoche.
- Will. – dije entre beso y beso. – Tengo hambre.
- Claro. – cogió una taza y me sirvió café antes de darme otro beso que hizo que me convirtiera en un tomate con ojos y boca. – Un café para una preciosa Caperucita Roja.
- Gracias. – le di un pequeño beso y me senté en la encimera. Puede que ya me haya olvidado de todo. Puede que Will me ayude a seguir adelante, no lo sé. Pero de una cosa estoy segura, con Will esto iba a ser más fácil de lo que pensaba.


jueves, 10 de abril de 2014

Capitulo 37 – Una nueva vida y tú no estás en ella.

Viernes, 24 de octubre. Sí, sé que ha pasado mucho tiempo. Pero puedo aseguraros de que ya está todo superado. Bueno, o todo lo superado que puede estar después de lo ocurrido. Pero ahora no quiero hablar de eso. Solo conseguiría deprimiros y deprimirme yo.

Había vuelto a casa, a Doncaster, para poder acabar el instituto. Me faltaban solamente dos años para graduarme y tenía que esforzarme mucho. Luke se quedó conmigo unas semanas pero después tuvo que volver con su familia y con el grupo. Había sido un gran apoyo para mí y se lo agradeceré eternamente. En cuanto llegué a mi casa, cambié de radicalmente. No quería nada que me recordara a la estupidez que cometí en Texas. Todo en mi vida cambió, para bien o para mal pero ya nada es lo mismo. Nuevo grupo de amigos, nueva forma de vida y nuevos momentos que vivir. Incluso me había cambiado mi clásico corte de pelo. Ahora lo tenía con la ralla a un lado, casi hasta la cintura y con mechas rojas por toda la cabeza.
- ¿Ya estás lista, Carol? – me preguntó Spencer en cuanto entró a mi cuarto.
- Sí. – me terminé de poner una de las botas, me arreglé la falda y di una vuelta sobre mí misma. - ¿Cómo estoy?
- Preciosa, como siempre. – entró Lexy en la habitación de repente. – Los chicos nos están esperando.
- Sí, ¿y a qué no sabes quién está deseando verte? – levantó Spencer varias veces las cejas. – Will.
- No empecéis. – reí.

Os estaréis preguntando qué a donde vamos. Pues claramente a una discoteca. Es viernes, hay que disfrutar al máximo antes de que volvamos el lunes a la aburrida rutina de los profesores. Salimos de mi casa y allí nos esperaba un deslumbrante todoterreno negro con las palabras Range Rover escritas en la parte delantera. Apoyados en el vehículo había dos personas. Will y Sean, dos de los chicos más populares del instituto. Verlos era como mirar a dos perfectos Adonis. Eran realmente dos obras de arte. Y las dos chicas que me acompañaban no se quedaban atrás. Parecían dos perfectas modelos. Una rubia y la otra morena. A simple vista parecíamos el típico grupo de los populares de una cualquier serie americana. Eché un vistazo a la casa de al lado y vi que estaba cerrada, puse la mejor sonrisa que pude y subí al coche.
- ¿Qué tal? – me preguntó Will que era quien iba conduciendo y yo a su lado de copiloto.
- Genial. – le sonreí. Este chico me había hecho afrontar todo lo ocurrido en mi vida pasada para poder ser feliz.
- Esta noche va a ser genial. – para mí era una de las tantas más pero sí él lo decía tenía que ser por algo.
- ¿Falta mucho, Will? – preguntó Spencer desde atrás riendo. – Creo que Sean va a necesitar irse un rato al servicio.
- Acabamos de descubrir una enorme montañita aquí atrás. – rió Lexy.
- Es culpa vuestra. – se excusó el chico sin vergüenza. - ¿Quién os manda poneros vestidos tan cortos?
- Somos malas personas. – nos unimos a las risas de Spencer.

Will aparcó el coche en un lugar que encontró por casualidad y bajamos. Sean tenía los brazos en uno de los hombros de cada chica y Will me tenía cogida de la cintura. Ninguno de nosotros éramos pareja por más que el resto pensara que sí. Nos divertía fingir ser lo que no somos. Solo éramos grandes amigos que disfrutaban del tiempo juntos. Entramos y nosotras tres nos fuimos a la pista a bailar mientras que los chicos iban a ver cual era su víctima esta noche.

El tiempo iba pasando y ya se notaba el alcohol en nuestras venas. Los chicos de One Direction no te dejaban beber, ¿recuerdas? Me lo estoy pasando muy bien así que no vengas a estropearlo. Solo te estoy diciendo las ventajas de haberlos sacado de tu vida. Me alegro de que no estén. Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Así me gusta.
- Un Martini, por favor. – pedí al camarero.
- Aquí tiene.
- ¿Qué haces aquí tan sola?
- Estaba cansada y tenía sed, Sean. – bebí un poco de mi vaso.
- Espero que me hayas reservado un baile. – dijo como un niño pequeño.
- Para ti lo que sea. – me acabé el vaso de un trago y lo arrastré a la pista.

Allí estaban Lexy, Spencer y Will bailando como unos locos. Nos unimos a ellos rápidamente y disfrutamos de un genial tiempo juntos. Cada vez que salía con ellos era impresionante. Hacíamos cosas normales, las que siempre he hecho. Ir al cine, comer en un McDonald’s, ir a alguna discoteca de vez en cuando o ir a la bolera. Cosas de adolescente normal y no de famoso. Mejor no toco ese tema. ¿No os he contado lo que pasó con mi familia? Al final, mis padres se divorciaron y me tocó quedarme con mi madre hasta que termine las clases. Cada verano iré con mi padre que ahora vive en Boston, en nuestra antigua casa. Los veranos los pasaría con él pero lo bueno es que no tendría que separarme de mis amigos. A ellos les dejaban venirse conmigo. Nuestra casa era grande así que no había problemas.

Cuando salimos de la discoteca ya eran las tres de la mañana. Spencer, Lexy y yo íbamos bastante contentillas y menos mal que los chicos no habían bebido mucho. Afortunadamente ellos eran los responsables del grupo porque si fuera por nosotras, esto sería un descontrol permanente. Bueno, también es que había cambiado mucho desde… eso, ya sabéis. Ya no era una chica responsable que pensaba antes en lo que la gente pudiera decir de mí. No, ahora me daba lo mismo. Me daba igual lo que dijeran, si a mí me gustaba lo que hacía lo haría sin pensármelo dos veces. Podías haber dicho eso hace unos meses ¿no?
- Bueno, chicas, ya hemos llegado. – se giró Sean y nos vio a las tres dormidas en la parte trasera del coche.
- Ya me encargo yo. – Will salió del todoterreno. Estábamos en frente de mi casa así que me tocaba bajar a mí. – Espera aquí.
- No me iba a ir a ningún sitio. – Will me cogió en brazos y me llevó hasta la puerta. Llamó al timbre y esperó.
- ¿Otra vez lo mismo? – se hizo a un lado mi madre. – Ya sabes donde está su habitación. – subió hasta mi cuarto y me dejó sobre la cama para después taparme.
- Buenas noches, pequeña. – me dio un beso en la frente.
- Will. – abrí un poco los ojos. – Quédate conmigo.
- No pensaba irme a ningún lado. – me regaló una preciosa sonrisa, hizo algo en su móvil y se tumbó a mi lado. – Buenas noches.

Can you feel me when I think about you? With every breath I take. Every minute, no matter what I do. My world is an empty place. Like I’ve been wandering the desert for a thousand days. Don’t know if it’s a mirage but I always see your face, baby. Me prometí a mi misma que no le extrañaría más. I’m missing you so much. Can’t help it, I’m in love. A day without you is like a year without rain. No quiero necesitarlo más. Quiero poder vivir sin tener que echarlo de menos. I need you by my side. Don’t know how I’ll survive. A day without you is like a year without rain.
- ¿Se puede? – asomó mi madre la cabeza por la puerta. Dejé la guitarra a un lado y la miré. – Sé que no me quieres contar lo que ha pasado pero solo quiero saber por qué decidiste volver. Aún te quedaban unos meses más junto a ellos.
- Mamá, no quiero hablar de esto. – dije cortante.
- Solo quiero que estés bien. – se sentó a mi lado en la cama.
- Aún así no voy a estar bien. – le di la espalda. – Ahora, si no te importa, quiero estar sola.
- Ya sabes que si quieres hablar, puedes contar conmigo. – salió de mi habitación.

¿Por qué es todo tan difícil? Porque tú lo has querido así. ¿Nunca me vas a ayudar? Lo estoy haciendo, no quiero que sigas sufriendo. ¿Y qué hago? Fácil, tienes que olvidarte de él así que lo que vas a hacer primero es sacar de tu vida todo lo que tenga que ver con ese chico. ¿Borrar las fotos? Sí. De acuerdo. Saqué el móvil del bolsillo y me metí en la galería. Allí había cientos de fotos de estos últimos meses. Cientos de fotos que iba a borrar. No las iba a mirar, solo quería que desaparecieran. Las seleccioné y le di a borrar. “¿Está seguro de que quiere eliminarlas?” Hasta un móvil me hace dudar. No pienses, hazlo. Borradas. Muy bien. Ahora las cosas que te ha regalado, que no son muchas. No quería sus regalos. Pues tíralos todos. Me levanté de la cama y abrí el armario. Allí estaba, el vestido que me regaló el día que me dijo que me amaba. No lo recuerdes. Lo intento pero… voy a hacerlo. No voy a llorar y voy a empezar mi vida de cero. Nunca los he conocido. Esa es mi chica. Harry Edward Styles, tú nunca has estado en mi vida.

Ya había pasado el fin de semana y volvía a ser la chica de antes. La chica feliz que nunca conoció a One Direction. Conociste a Louis en el colegio. Él no cuenta. Salí de mi casa con el tiempo justo, como siempre, y me dirigí al instituto. Iba a llegar tarde, eso lo tenía claro, pero mis amigos estarían esperándome en la puerta como todo los días. Y hoy no era una excepción. Todos ya habían entrado menos ellos cuatro que me esperaban riendo y charlando.
- Y como siempre, la Bella Durmiente llega tarde. – bromeó Sean.
- ¿Siempre se te pegan las sábanas o qué? – rió Spencer.
- Muy graciosos. – dije sarcásticamente. - ¿Entramos o qué?
- Vamos. – se puso Will a mi lado.
- Podrías haberme defendido. – le susurré para que nadie me oyera.
- Tú lo has dicho, podría. – rió mientras pasaba un brazo por mi cintura.
- ¿Alguna vez se dignarán a venir a mis clases en cuanto toque el timbre? – nos preguntó el profesor en cuanto entramos por la puerta.
- Hombre, historia un lunes a primera no es que sea muy tentador. – se encogió de hombros Sean mientras reíamos.
- Además, a usted no le molesta que lleguemos tarde ¿verdad? – Lexy hizo uso de sus geniales habilidades dando a lucir la corta falda que se había puesto.
- Siéntense. – nos ordenó. Si hubiera sido cualquier otro alumno ya estaría castigado pero tener a Lexy de amiga era una gran ventaja en estos casos.

Nos pasamos la mayor parte de la clase charlando sin prestarle ni la más mínima atención al profesor hasta que sonó el timbre y fuimos los primeros en salir por la puerta. Mis siguientes clases eran Tecnología y Química antes del esperado recreo. Las horas se me pasaron volando y, sin darme cuenta, estaba con los chicos en una mesa de la cafetería comiéndome una manzana. Había vuelto más o menos a la normalidad con el tema de la comida pero ahora cuidaba más mi dieta.
- ¿Vais a ir a la fiesta de Halloween? – preguntó Lexy.
- Claro. – me miraron a mí.
- Supongo. – luego las chicas y yo hablaríamos sobre los disfraces.
- Todos esperan que vayáis juntos. – Spencer nos señaló a Will y a mí.
- Yo no sé que les pasa a todos. ¿Por qué se creen que somos novios? – rió Will.
- Porque lo parecéis. – dijo Sean. – Siempre estáis los dos juntitos y abrazaditos.
- Somos amigos, ya está. – le pegué una colleja.
- ¿Vais a ir juntos? – nos preguntó Lexy con la típica cara de “os estáis muriendo por decir que sí.”
- ¿Qué me dices? – me encogí de hombros. Will se arrodilló ante mí y me cogió una mano. – Dime, Carol, ¿me concederías el honor de ir contigo a la fiesta de Halloween?
- Sí, idiota. – me dio un beso en la mano y se sentó otra vez a mi lado.

Se acabaron las clases por hoy. Volví a casa con Lexy como todos los días mientras charlábamos sobre la fiesta. Ya teníamos más o menos decidido los disfraces que usaríamos. Ahora solo faltaba conseguirlos. Llegamos a mi casa y mi madre no estaba, como todos los días de diario. Trabajaba mucho para conseguir mantener la casa. Desde que se divorciaron, a penas está y cuando está me atosiga a preguntas que no quiero responder.
- Espera aquí, voy a ver que hay de comer. – me metí en la cocina.
- ¡Vale! – la oí gritar. – Oye, está sonando tú móvil.
- Cógelo, lo más probable es que sea Spencer.
- De acuerdo. – y no escuché nada más. Llevé los platos a la mesa que mi madre había dejado preparada y me senté a esperar a que Lexy viniera. - ¿Quién era?
- Esto… Will. – creo que me está mintiendo. – Quería saber de que íbamos a disfrazarnos para ponerse de acuerdo con Sean.
- Claro. – eso no tenía mucho sentido. A Sean y a Will eso les daba lo mismo. Hacían lo que querían y cuando querían.

Cambiamos de tema rápidamente y nos metimos en un gran debate sobre ropa. Ya sé que yo antes no hablaba sobre estas cosas porque no me gustaban pero las personas cambian ¿no? Yo soy una de ellas. Le resté importancia a lo de la llamada y comí tranquilamente con una de mis mejores amigas. Cuando terminamos de comer, se nos unió Spencer para estudiar. Sí, aunque seamos populares también estudiamos ¿sabéis? Mañana teníamos un examen de Literatura y no es que hayamos estudiado lo que se dice mucho.
- Pon la radio, Carol. – me pidió Spencer poniendo cara de cachorrito.
- Claro, Spence. – le di unos golpecitos en la cabeza y encendí la radio.
- Me encanta esta canción. – Lexy se levantó y se puso a bailar al ritmo de Into The Blue de Kylie Minogue. Enseguida nos unimos Spencer y yo.
- Vale, tiempo muerto. – dije en cuanto se acabó la canción.
- Eso, vamos a estudiar. – me apoyó Spencer.

Así pasamos las horas siguientes, estudiando, cotilleando y bailando. Nos lo pasábamos genial las tres juntas. Hacíamos muchas locuras y cuando se nos sumaban los chicos esto era un descontrol. Había encontrado grandes amigos. Con ellos no fingía como con los demás. No tenía que ocultar mis lágrimas para que me abrazaran. Ellos sabían parte de la historia, todo menos el final. Pensaban que yo era la víctima y Harry el idiota que me rompió el corazón. ¿Acaso tenía que decirles que yo era la que la había cagado? Es algo de lo que no tienen por qué enterarse. Dijiste que lo olvidarías. Lo he olvidado. ¿Y por qué hablas de él? Pues no lo sé. Asúmelo, ya no está en tu vida y no lo va a estar. ¿Cómo estás tan segura? Si no ya te habría venido a buscar ¿no? Tienes razón, además te lo había prometido. Harry Styles fuera de mi vida en 3, 2, 1… Ya.
- Bien, ya está todo aquí metido. – Lexy se señaló la cabeza.
- Aún así suspenderás mañana. – se burló Spencer.
- Perdona por no ser un cerebrito.
- Chicas, no empecéis. – dije riendo.
- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Lexy aburrida.
- Podríamos… oh, esperad. – un pitido procedente de mi portátil me interrumpió. Fui a ver lo que era. - ¿Os apetece hablar con los chicos por Skype?
- Que oportunos. – rió Spencer.
- Cállate, Spence. – habló Sean desde la pantalla.
- Bueno, ¿qué queréis? – siempre directa, Lexy.
- ¿Acaso no podemos querer hablar con nuestras tres chicas favoritas? – nos sonrió Will.
- No, porque siempre que hablamos con vosotros por Skype es para que nos pidáis algo. – me reí.
- ¿Demasiadas veces?
- Demasiadas. – asentimos las tres. – Empezad a cantar.
- Pues como sabemos que sois las tres tan maravillosas, guapas, listas…
- Menos peloteo, Sean. – le apremió Lexy riendo.
- Pues como sabréis, mi cumpleaños es en dos semanas. – hizo énfasis en la palabra “cumpleaños.”
- ¿Y? – incitó Spencer para que siguiera.
- Me han dejado la casa de mis abuelos de Londres para pasar las vacaciones de Navidad.
- Para eso queda un siglo, Sean. – dijo Spencer. – Además, que grima eso de vivir en casa de unos muertos, con respeto.
- Tranquila, eso mismo le dije a mis padres.
- ¿Qué decís? – nos preguntó Will.
- Por mí vale. – la primera en hablar fue Lexy.
- Contad conmigo. – la siguió Spencer.
- ¿Y tú, Carol? – todas las miradas estaban pendientes de mí. ¿Y ahora que decía? Quieres ir y lo sabes. Sí pero, ¿y si me los encuentro? Es un riesgo pero Londres es enorme. Dudo que te los encuentres. - ¿Carol?
- Me apunto. – dije decidida. Cada día estoy más orgullosa de ti. Gracias. Acuérdate de lo que siempre te digo. Sí, una nueva vida y él no está en ella. Nunca más.